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Poder politico, Estado y cifras
La política se refiere a las relaciones, directas e indirectas, entre el Estado como sociedad política y los ciudadanos. Pero no se detiene ahí. También remite a la forma como se organiza el poder, cómo se lo ejerce y se comporta. Sin embargo, este es apenas un lado de la política y del Estado.
Hay otro que se refiere a hechos y procesos que se dan en la economía, sociedad y población. Su configuración estructural y dinámica manifiesta aspectos cuantitativos que expresan situaciones, tendencias y proyecciones de la colectividad.
Por eso sus cifras, como indicadores, dan cuenta y permiten conocer la situación de un país y una región en un momento histórico determinado. Este hecho hace que el Estado, el poder y los políticos que lo tienen y lo ejercen, no solo dirijan sino que además busquen controlar que esas “cifras” siempre estén bajo su dominio y no de la ciudadanía.
En otras palabras, las fuerzas del poder económico, político e ideológico que dominan el Estado también lo hacen con la producción de índices e indicadores estadísticos. Esto significa que en una sociedad puede existir una “elaboración política” de cifras y el control total de ellas. Ejemplos son las singulares estadísticas creadas en Argentina por los Kirchner, en la Venezuela de Chávez y de Maduro, y en el Brasil de Lula y Rousseff, así como de otros gobiernos. Todas ellas son claras muestras de cómo el poder político y los partidos de gobierno “controlan” la expresión de las cifras.
En la Argentina pos-Kirchner, la Venezuela chavista y el Brasil del PT salen a la luz verdaderos manejos mañosos y mágicos, hechos con los números del presupuesto del Estado, los ingresos fiscales, deuda, bonos, índices de empleo, desempleo, inflación, etc. Queda claro que esos números del mundo económico y sociodemográfico “no son independientes” de los políticos y del poder que los crea y manipula.
Esto hay que denunciarlo y evitarlo en una sociedad democrática. En ella los indicadores económicos, sociales y demográficos tienen que corresponder a la realidad y no a lo que “los dueños del poder” y quienes controlan el Estado quieren que la población acepte. Por eso ya no es posible pensar que los números son limpios y asépticos. También los puede ensuciar el poder, especialmente el despótico y autoritario. El caso más burdo es el de Venezuela.