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La policia esta obesa
Pese a los esfuerzos de las autoridades del fútbol por mejorar el comportamiento de los hinchas dentro y fuera de los escenarios deportivos, falta mucho para desterrar los males del pasado y asimilar lo bueno del presente.
Por ejemplo, quienes pagan su boleto para asistir con su familia a los estadios, aplauden la labor que efectúa la policía porque de acuerdo con la Constitución de la República, esta tiene responsabilidades duras y sacrificadas, como son velar por la seguridad del escenario, guardar el orden público, proteger la vida, honra y bienes de la ciudadanía.
Los policías son seres humanos como cualquier otro. No importa a qué medio o clase social pertenezcan, pues también experimentan alegrías, tristezas, depresiones, disgustos, etc.
Menciono todo esto porque, a veces, es la propia policía quien dice que les resulta decepcionante poder cumplir con sus deberes, ya que luego de arrestar a quienes infringen las leyes, a los tres días estas mismas personas pasan por delante de ellos como si nada hubiesen hecho.
Solo en Guayaquil tenemos dos episodios calificados como los más aberrantes al interior de los escenarios. Primero fue en el estadio George Capwell, donde vándalos disfrazados de hinchas destruyeron butacas de tribuna y sitios en que laboran la radio y televisión. El segundo caso fue el fallecimiento de un niño al recibir el impacto de una bengala incendiaria, lanzada desde la general en el estadio de Barcelona.
Si queremos que la policía cumpla con su trabajo, necesitan mejor trato y remuneración. Empero, hay quienes dicen que entre los policías que realizan su labor en los escenarios, no se debería alinear a quienes tienen sobrepeso y es notoria su obesidad.
La delincuencia ahora es más veloz y la obesidad es una enfermedad crónica de origen multifactorial prevenible, caracterizada por acumulación excesiva de grasa que causa hipertrofia del tejido adiposo en el cuerpo.