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Diario Expreso Ecuador

La piedra que obliga

La experiencia de Japón y la historia de técnicas resistentes como la quincha muestran que recordar los terremotos no basta

La prevención sísmica requiere construcciones seguras, normas aplicadas y simulacros que permitan a la población saber cómo actuar ante una emergencia.

La prevención sísmica requiere construcciones seguras, normas aplicadas y simulacros que permitan a la población saber cómo actuar ante una emergencia.ARCHIVO

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Una adolescente le explicaba a unos amigos su plan de escape para un terremoto. Lo había pensado sola y no dijo de dónde lo había sacado.

Lo que sabemos sobre lo imprevisible solo dura si obliga a algo. En la costa japonesa hay cientos de piedras plantadas por quienes sobrevivieron a los tsunamis. Casi todas advierten. Una sola, en Aneyoshi, ordena no construir ninguna casa por debajo de ese punto. Fumihiko Imamura, de la Universidad de Tohoku, explicó por qué hicieron falta. Según él, el olvido de una catástrofe tarda unas tres generaciones.

Cuando la experiencia se convierte en norma

Una piedra obliga, y la quincha obligaba de otro modo. En el Perú colonial las iglesias de piedra y adobe se caían con cada sismo, y los constructores volvieron a esa técnica prehispánica de madera y caña cubierta de barro. El oficio ya había demostrado cuál aguantaba. Hoy tenemos mucho más, disipadores de energía y aisladores de base. Todo eso está escrito en la Norma Ecuatoriana de la Construcción. La diferencia es quién lo sostiene. La quincha viajaba en el oficio. La norma hay que enseñarla, aplicarla y fiscalizarla. Obliga desde hace años. Si se queda en papel, no construye nada.

El peligro de los consejos virales

Y lo que suena nuevo circula en segundos. Una instrucción con veintidós mil corazones aconseja subir a la azotea si vives en pisos altos. El Instituto Geofísico y la Cruz Roja dicen otra cosa, agacharse, cubrirse, sujetarse, y no correr hacia las escaleras. Son dos saberes en desacuerdo, el que escarba escombros y el que escribe los manuales.

La mochila de 72 horas sirve, y el consejo correcto también. Ninguno cambia cómo se construye la ciudad ni entrena a quienes la habitan. Para eso están la norma y el simulacro del próximo 2 de octubre. Se discute cómo reforzar los edificios. La memoria no tiene varillas, tiene ensayos.

La adolescente seguirá contando su plan y nadie le pedirá que lo contraste ni lo ensaye. La lógica de la supervivencia individual crece en el hueco donde la preparación pública no se toma en serio. Que la información circule no es ensayar una conducta ni corregir un sistema. Lo que nos llegó solo alivió el insomnio.

El olvido ya no necesita tres generaciones, le basta con que pase el susto. Seguimos en @bb_latente

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