Terremoto: preparación o improvisación
Ecuador enfrenta un riesgo sísmico permanente. La experiencia de Japón demuestra la importancia de los simulacros, protocolos y una ciudadanía preparada

Ecuador se encuentra en una zona de alta actividad sísmica y debe fortalecer la preparación ciudadana y la respuesta institucional ante un gran terremoto.
En el presente año, en menos de dos meses, Venezuela y Colombia han sido golpeadas por terremotos devastadores. Venezuela sufrió un doblete sísmico el 24 de junio que dejó miles de víctimas mortales; Colombia, el pasado 10 de agosto, un sismo de magnitud 7,4 que derrumbó edificios y cobró vidas en el eje cafetero. Japón, en cambio, en el terremoto reciente del 28 de julio del presente año, enfrentó estos eventos con una cultura de prevención y acción, construida durante décadas: simulacros escolares constantes, mochilas de supervivencia listas y a la mano; protocolos hospitalarios claros, cuerpos de bomberos y policía coordinados, y una ciudadanía que sabía exactamente qué hacer en los primeros segundos.
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Agencia AFP
Ecuador también está en riesgo
Ecuador, ubicado en el mismo cinturón de fuego, no está exento del riesgo. Y, sin embargo, comparte con Venezuela y Colombia la misma falencia estructural, así lo evidenció el terremoto en Manabí del 2016. La ausencia de una cultura de preparación ante un evento sísmico real: no existen simulacros periódicos y obligatorios en escuelas, oficinas, ni espacios públicos. La coordinación entre el ECU 911, bomberos, Cruz Roja, hospitales y agentes de tránsito sigue dependiendo más de la buena voluntad individual que de protocolos ensayados. La ciudadanía, en su mayoría, no sabe identificar zonas seguras en su vivienda, ni conoce rutas de evacuación.
La improvisación, ante un evento que puede durar apenas unos segundos, cuesta vidas.
Prepararse antes del próximo terremoto
Es momento de actuar. Se requiere una política nacional de gestión de riesgos con simulacros trimestrales obligatorios desde la educación básica hasta el ámbito laboral; protocolos unificados entre todas las instituciones de socorro; inversión en infraestructura sismorresistente; y campañas permanentes de comunicación pública sobre qué hacer antes, durante y después de un sismo.
El llamado es directo a las autoridades, a educar y presupuestar la prevención como prioridad, no como gasto postergable; y a la ciudadanía, a exigir y practicar esa preparación. La próxima vez que tiemble la tierra, la regla debe ser la preparación, no la improvisación.