Homenaje a Julio Terán
Un recuerdo de Julio César Terán Dutari evoca su llegada a la PUCE en 1971 y la lección con la que introdujo el pensamiento de Martin Heidegger a una generación

Julio César Terán Dutari fue filósofo, teólogo, exrector de la PUCE y obispo de Ibarra y auxiliar de Quito.
La Pontificia Universidad Católica del Ecuador, PUCE, está preparando para el próximo mes un homenaje a su exrector Julio César Terán Dutari s. j, filósofo y teólogo, obispo de Ibarra y auxiliar de Quito, entre algunas de las dignidades eclesiásticas que desempeñó en la última parte de su vida. El Terán que conocí más de cerca, sin embargo, en 1971, fue al recién llegado de terminar sus estudios doctorales en Alemania y que iniciaba sus clases de filosofía contemporánea en la facultad de filosofía San Gregorio de los jesuitas.
La formación filosófica de la PUCE
En esa época, la facultad estaba destinada para la formación filosófica de los jóvenes estudiantes en esta disciplina, ecuatorianos, pero también provenientes de otras regiones latinoamericanas, como Venezuela y Centroamérica. En los años cincuenta del pasado siglo, tanto la formación filosófica como la de estudios clásicos gozaba de un extraordinario prestigio intelectual debido a la calidad y al rigor académico de sus profesores y del pénsum de estudios. Basta recordar, la figura de Aurelio Espinosa Pólit S.J., en estudios clásicos, quien fue cofundador de la PUCE e inició la biblioteca que lleva su nombre.
El pénsum de estudios de la facultad estaba diseñado de acuerdo a la filosofía escolástica, vigente en los institutos de formación religiosos durante toda la Modernidad y solo comenzó a perder su hegemonía cuando el Concilio Vaticano II exhortó a escuchar al mundo actual, es decir también a los pensadores que no formaban parte de esa tradición. Fue un fuerte cambio que generó polémicas y conflictos.
Heidegger como desafío intelectual
En dicho año, Julio Terán, profesor recién llegado, pero con un enorme prestigio de sus años de estudiante de filosofía y teología, tanto en Quito como en Munich, fue el encargado de dar la lección inaugural del año académico. Las expectativas eran altas por el clima de discusión académica que se vivía, como por conocer su pensamiento después de diez años de estudio en Alemania. El texto escogido para la lección y el filósofo seleccionado resultaron provocadores: El final de la filosofía y las nuevas tareas del pensar, de Martin Heidegger. Escucharlo nos cuestionó radicalmente. Presentar a Heidegger, que pocos entendían, fue un desafío intelectual. Y afirmar que la filosofía tal cual la habíamos conocido desde Platón estaba en etapa terminal, abría más preguntas que respuestas.