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La plata ajena

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el presidente de la República ha enfrentado a Solca, afirmando que esa entidad hace de buen samaritano con la plata ajena.

La plata ajena a la que se refiere el señor presidente proviene de acto legislativo que grava a ciertos procedimientos bancarios y le ha servido a la entidad para mantener su lucha contra el cáncer por más de seis décadas, lo cual no solo es un récord de tiempo, sino que en esos sesenta y seis años ha demostrado una capacidad ejemplar para servir a los que padecen esa enfermedad catastrófica, con gran espíritu de solidaridad humana. Pero el señor presidente ha objetado ese ejemplar comportamiento, llamándolo despectiva y burlescamente, samaritanos con plata ajena. ¿Y por qué llama así a los dineros con los que Solca ha servido tan ejemplarmente? Porque, en verdad, provienen de una disposición mediante la cual el poder soberano ha entregado a Solca ese dinero.

La plata del sector público no es de un gobierno determinado y menos de un gobernante. Es del pueblo ecuatoriano y quien la administra tiene obligación de entregarla puntual y completa, como manda la respectiva disposición legal, pues los gobiernos no son otra cosa que administradores de esos fondos, debiendo cumplir lo que dispone el respectivo ordenamiento jurídico. Pero de un tiempo a esta parte, el administrador de los fondos públicos -el Gobierno nacional- deja la impresión de que centenares de miles de millones de dólares, procedentes de las exportaciones petroleras y de los gravámenes que pagan los ecuatorianos, son de propiedad del régimen de turno y más aún, del gobernante que preside ese régimen. Una concepción de esta naturaleza es falsa y perjudicial, y atenta contra el deber ser que determina que los gobernantes son mandatarios de la voluntad popular que se expresa en el ordenamiento jurídico y que determina la distribución de la renta pública constante en el presupuesto general del Estado, aprobado por el órgano de esa soberanía que es el Congreso Nacional o la Asamblea, cuyas funciones específicas son las de legislar y fiscalizar, cuando tienen suficiente calidad para ejercer esas funciones sin someterse a la voluntad del cesarismo imperante.

De modo que el dinero que recibe Solca para cumplir sus extraordinarias finalidades no es plata ajena, es la plata de los ecuatorianos que el poder público le ha asignado para enfrentar una de las enfermedades más graves y catastróficas que es el cáncer y que lo ha hecho con plausible eficacia y dedicación, que al señor presidente le parece mal, tal vez simplemente porque el Gobierno debe de entregar a Solca más de cien millones de dólares.

haroc@granasa.com.ec

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