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El pequeno pais de Abdala

Micropatria. En la 24ª y Francisco Segura hay tantas banderas de Barcelona en los balcones, tantas esquinas de comida típica en las aceras, tantas barrigas descubiertas que juegan cuarenta y tantos parlantes compitiendo, que los ojos explican al cerebr

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Micropatria. En la 24ª y Francisco Segura hay tantas banderas de Barcelona en los balcones, tantas esquinas de comida típica en las aceras, tantas barrigas descubiertas que juegan cuarenta y tantos parlantes compitiendo, que los ojos explican al cerebro por qué fue el punto escogido por el expresidente Abdalá Bucaram para su regreso inminente, el próximo 17 de junio.

Pero donde la mirada insinúa mucho, son los oídos los que confirman o descartan. Y un recorrido de EXPRESO por la zona palpó, en el Suburbio, el pequeño país de Abdalá, un rastro desorientado entre los moradores, enterados de su regreso.

“A la 10 solo le quedan los postes, aquí se para (Rafael) Correa sin tarima y el ‘Loco’ se queda solo”, dice Livingston Mosquera, señalando las luminarias que la campaña pintó del inmortal amarillo, negro y rojo; los colores del PRE, heredados por FE. Mosquera, que dejó Esmeraldas pero no el acento, fue cuando joven al primer regreso de Bucaram en helicóptero, 30 años atrás. No irá esta vez. Cree que pocos lo harán. Que “Correa le quitó el país al Loquito”, dice, en diminutivo cariñoso.

Lo suyo son palabras. Pero también hay cifras. Si de la zona hubiera dependido, el presidente electo Lenín Moreno (PAIS) hubiera ganado en primera vuelta. Los resultados presidenciales de febrero del Consejo Nacional Electoral le conceden 43 puntos sobre 100. Por eso, aunque en los postes vive la 10, en las casas hay banderines verde flex y camisetas de la 35.

En la 24ª y Pancho Segura, como la llaman, hay más cartas que política. Su esquina es conocida porque reúne cada tarde a un grupo de cuarenteros. Ignacio Flores, uno de ellos, hace pausa al juego para contarlo mejor: “El loco puede volver y la gente lo va a ir a ver porque así son de noveleros. Pero aquí el único que puede hacerle sombra al presidente (se refiere a Correa) es el alcalde”, Jaime Nebot. Bajo la lógica de las urnas guayaquileñas, también es cierto. La misma zona votó con 70 % al líder socialcristiano en las seccionales de 2014, casi 10 puntos por encima de su promedio en la ciudad.

Flores, desempleado y “anticorreísta”, no solo cree que a Bucaram lo van a recibir, sino que va a llenar las calles “de punta a punta. Pero otra cosa es que le den el voto”. Otra cosa, dice.

En la intersección donde Bucaram debería posar su helicóptero, si los tallarines de cables que afean el paisaje lo permitieran, vive Cilia Mora desde hace 40 años. Dice que en la última elección votó nulo y se emociona cuando se entera que allí, frente a su casa, el expresidente escenificará su regreso. Lo recuerda con cariño: “Era muy humano”, dice. Lo justifica con corazón maternal: “Otros han hecho cosas peores”. Lo idealiza como votante convencida: “Yo le vuelvo a dar el voto porque es un hombre que pone primero al pueblo. Y eso no cambia”. Su hijo, en tono burlón, dice desde el fondo de la sala, introduciéndose en la entrevista, que de Abdalá solo le quedan las camisetas. Ella lo desmiente porque, dice, las camisetas no duran 20 años.

¿Y los políticos? Eso es lo que Abdalá está por probar a su regreso.

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