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De patrullaje con una camara en la cabeza

Desde muchacho, Thommy Aspiazu Segovia veía las acciones que los uniformados emprendían en su barrio, para ‘limpiarlo’ de la delincuencia.

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Desde muchacho, Thommy Aspiazu Segovia veía las acciones que los uniformados emprendían en su barrio, para ‘limpiarlo’ de la delincuencia. Era tanta la emoción que sentía que, cuando jugaba a policías y ladrones, él pedía hacer el papel de ‘chico bueno’.

Hace unos cinco años, Thommy decidió saltar del juego a la realidad. El 20 de enero de 2012 ingresó a la Policía Nacional y, desde entonces, su labor se centra en realizar patrullajes preventivos al servicio de la comunidad, con la finalidad de evitar robos a personas y de vehículos.

¿Pero qué diferencia su labor de la de otros compañeros? Hace cinco meses, Thommy decidió instalar una pequeña cámara en su casco, para grabar todas las acciones que emprende durante su trabajo.

“Cuando uno realiza patrullaje preventivo siempre se suscitan eventos, delitos, accidentes. Entonces surge la iniciativa para precautelar una: mi integridad personal, física; y otra, respaldar mediante un vídeo los procedimientos que realizamos a fin de evitar inconvenientes tanto institucional como civilmente”, explica.

La adquisición y colocación del dispositivo le significó sacar 250 dólares de su bolsillo. Algo que lo hizo con gusto, igual que otros compañeros, especialmente del Grupo de Operaciones Motorizadas (GOM). Según calcula, aproximadamente un 5 % de policías de Guayas ha optado por llevar una cámara en el casco.

El aparato permanece encendido desde que Aspiazu sale de la Unidad de Policía Comunitaria (UPC) de La Puntilla, perteneciente al Distrito Samborondón, donde está asignado para patrullar ese sector y urbanizaciones.

Por ahora, los vídeos que ha captado durante el patrullaje no los ha anexado a algún parte de novedades y menos a un proceso judicial.

Sin embargo, en caso de la aprehensión de un presunto delincuente en delito flagrante y, siempre y cuando el fiscal que lleve el caso lo solicite, está dispuesto a entregar la grabación para reforzar la investigación. “Si el fiscal me autoriza yo puedo emitir, hasta ahora no se ha dado la oportunidad”, dice este guayaquileño de 28 años, casado y con dos hijos.

Aspiazu aspira a cumplir con el servicio a la ciudadanía y que, cuando le toque salir de la institución lo haga “por la puerta grande”. Ahora continúa su labor, ganando más experiencia y aprendiendo a ‘oler a los pillos’, como lo hacen compañeros más viejos y a quienes admiró cuando era muchacho en su barrio del Cisne 2, cerca de donde empezó su labor.

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