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Padres de corazones valientes
Físicamente no se parecen, pero tienen mucho en común: comparten el apellido paterno, la pasión por Emelec, el amor por el Derecho y un humor tan chispeante que resulta imposible no reír cuando ellos están juntos. Así son los hermanos Giancarlo Almeida Delgado, de 42 años, y Víctor Almeida García, de 25.
La historia de estos hermanos comenzó cuando el padre de ambos, el doctor Víctor Almeida Sánchez, antes de morir le encomendó a Giancarlo de 24 años cuidar de su hermano menor. Desde entonces él asumió el rol paterno financiera y emocionalmente. Fue su representante escolar en todos los eventos. Ya en la adultez, le consiguió el actual trabajo.
Han viajado, farreado y “peloteado” juntos, porque Giancarlo, aunque ejerció el rol de padre, no quiso descuidar el de hermano. Siente que está haciendo lo mismo que su papá hizo con él, establecer una relación de amistad, confianza y respeto (lejos del miedo y más cerca de la admiración y el amor). Junior, como le suele decir, hasta hoy le celebra el Día del Padre. De niño lo hacía con tarjetas que decían “A mi hermano-papá”. Ahora, con mensajes, llamadas y regalos.
Él no recuerda mucho a su padre biológico, para él su papá es Giancarlo, quien tuvo que darle la noticia de que papi Víctor había muerto. A sus apenas siete años, no lo asimiló, pero en el velorio no pudo evitar llorar, pues conocería las otras herencias de su padre: sus hermanas, quienes no sabían de su existencia.
Junior siguió la carrera de su “hermano-papá”, pues le fascinaba que los pararan en la calle para saludar al abogado. “Me sentía famoso, pues lo reconocían por su trabajo o por su cátedra. Por eso me dije: ‘Tengo que estudiar eso’. Luego, al ser su alumno en Derecho Penal, en la Católica, me encantaba ver cómo explicaba, era como ver mi programa favorito de TV”, dice Junior, quien desconocía que Giancarlo vivió el mismo episodio con su padre, que fue ministro de la Corte Suprema de Justicia, jurista, profesor y autor de textos de Derecho Penal.
Junior está devolviendo lo que otro hizo por él, ayudando en la formación y crianza de su primo de seis años, quien le dice “papi”. El ejemplo de su “hermano-papá” le sirvió mucho, ser estricto en unas cosas y flexibles en otras. Lo que más admira de Giancarlo es su paciencia y lo pacifista que es, pues antes de regañarlo lo escucha y el máximo castigo que le imponía era prohibirle las salidas (en el colegio y universidad).
Su corazón nació para la paternidad, no solo con Junior, pues sus consejos, apoyo económico y atenciones también los extendió a sus hermanas.