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El nuevo somozato de los Ortega en Nicaragua

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Ya hemos repetido en varias ocasiones que la peor droga que azota a gobernantes de varios países es el poder. Los seguidores del Foro de Sao Paulo daban a los gobiernos participantes el consejo -entre otros- de que no perdieran el poder. Había que acabar con el sistema democrático de la no reelección y tratar de mantenerse para hacer los cambios que aconsejaban para alcanzar a imponer el socialismo del siglo XXI, olvidándose de usar el término “comunista”, que había fracasado.

El fracaso del socialismo del siglo XXI. De los dirigentes de Foro de Sao Paulo solo quedan los de Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia.

Los países que practican la democracia resolvieron en Quebec, como sabemos, encargar al Consejo Permanente de la OEA estudiar el proyecto presentado por Perú a raíz de la renuncia del dictador Fujimori. Cuando se consideró que estaba listo, este proyecto fue aprobado en Lima en la reunión de ministros de Relaciones Exteriores, documento que fue denominado Carta Democrática Interamericana. En él se proclamaba, una vez más, que el sistema democrático debería imperar en nuestra América. Después de una serie de gestiones que realizaría el secretario general de la OEA y un grupo de Estados, si no conseguían su objetivo, el país que lo violaba sería suspendido en sus funciones, tanto en la OEA como en los organismos dependientes de ella. Cuando el Estado suspendido volvía a la democracia se levantaba la suspensión. Solo hasta allí se llegó.

Como a Venezuela no se le ha aplicado la Carta, pues decidió retirarse de la OEA, en los actuales momentos el secretario general Luis Almagro está realizando todas las gestiones necesarias para que se invoque la Carta Democrática en el caso de Nicaragua, donde los esposos Ortega se han hecho dueños del país por medio de la violencia, causando ya gran cantidad de muertos y heridos porque la fuerza pública, reforzada por mercenarios cubanos, disuelve todo tipo de manifestaciones contrarias al régimen, usando métodos brutales.

Los esposos gobernantes. Como es costumbre, los esposos Ortega culpan a los Estados Unidos de los incidentes que hay en Nicaragua y no nos sorprendería que siguiendo a Maduro pidan a Putin el envío de unos cuantos bombarderos supersónicos para estar preparados para atacar a los norteamericanos. No sabemos si a Maduro le informan sobre la situación que vive el pueblo del país que gobierna. Va a continuar su mandato, esperanzado en nuevas exploraciones petroleras para aumentar sus ventas, precisamente cuando el petróleo tiende a la baja.

Morales a la cuarta reelección. Evo Morales, que ha sido el más racional de los seguidores de Castro, y que mantiene una economía bastante boyante gracias a las exportaciones de gas, luego de la derrota en la Corte Internacional de Justicia, ha tenido que imponer a la fuerza su reelección, pese a que el pueblo se había pronunciado en un referéndum, que nunca fue objetado, contrario a un nuevo mandato de Morales.

Tenemos que convencernos de que el sistema democrático, con sus imperfecciones, como lo calificó Winston Churchill -y a nuestro criterio- es el ideal para gobernar a nuestros países, que usan el sistema unitario. Más de dos períodos no aguantan los pueblos, ni quienes los gobiernan.

Si alguien quiere rebatir la idea de los gobernantes eternos se preguntará cómo pasó en el Reino Unido con la Thatcher y ahora con Merkel en Alemania. La gran mayoría de los países de la Europa Occidental tienen el sistema federal y el parlamento está conformado por los partidos políticos que, en elecciones libres, obtienen escaños en dicho parlamento. En muchas ocasiones deben realizar coaliciones para alcanzar los votos suficientes para que el líder del partido gobierne. Además, el líder del partido que obtiene el cargo de primer ministro tiene que comparecer al parlamento cuantas veces sea necesario para explicar su actuación. Si la coalición no se mantiene, pierde su cargo y se convoca a nuevas elecciones.

En América, solo Canadá mantiene este sistema, bastante similar al inglés, y he podido ser testigo de la comparecencia del primer ministro todos los viernes, para responder a la oposición cualquier observación que se le hiciera sobre el manejo del país.

Si en nuestros países hemos escogido el sistema democrático, debemos conservarlo y sobre todo respetarlo: elecciones cada cuatro años y a lo sumo permitir una reelección. Lo demás es convertir a los gobernantes en dictadores que se adueñan del poder y que quieren manejar los Estados, impidiendo cualquier tipo de libertades a quienes se les opongan.

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