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Diario Expreso Ecuador

“Delincuente, drogadicto y …”

Igual que en Colombia con De la Espriella y Cepeda, en Ecuador justificamos en nuestros ‘líderes’ políticos miserias, groserías, corruptelas y hasta crueldades

Ni Iván Cepeda, ni Abelardo de la Espriella, tras conocer los resultados de la primera vuelta electoral en Colombia han mostrado estatura de estadistas.

Ni Iván Cepeda, ni Abelardo de la Espriella, tras conocer los resultados de la primera vuelta electoral en Colombia han mostrado estatura de estadistas.Archivo Expreso

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Abelardo de la Espriella, ganador de la primera vuelta de los comicios presidenciales en la hermana Colombia, es una muestra de cómo suelen ser nuestros líderes (salvo Chile, excepción mayúscula en la región). Pese a que su rival, Iván Cepeda, aceptara la derrota, el vencedor mostró las grietas de su carácter. Destemplado en la victoria (no magnánimo ni sereno, como debiera ser), Espriella calificó a su todavía presidente como “delincuente, drogadicto y miserable”. Gustavo Petro fue el eje de su discurso ampuloso, barriobajero, impropio de alguien que aspire a liderar un país. ¿A ese tendrán que decirle “señor presidente”? ¡Virgen de Chiquinquirá, sálvalos!

Al otro lado tampoco hay estatura de estadista: Cepeda, con el rescoldo de los que no digieren bien las derrotas, dijo que Espriella es un “estafador de narcotraficantes; estafador de estafadores”. Pobre Colombia.

La ausencia de estadistas no es exclusiva de Colombia

No escupo para arriba. Acá es tal el nivel de incultura política, que solemos justificar ¡en nuestros líderes! sus miserias, groserías, corruptelas, e incluso crueldades. ¿Me equivoco? Haga memoria y no se vaya tan atrás… En vez de ser más exigentes con ellos, solemos ser comprensivos con sus errores graves. Y los absolvemos. Nos creemos empáticos, pero en realidad somos pusilánimes, por no decir farsantes. Colegas. No respetamos la grandeza moral del cargo ni entendemos que un presidente es un servidor, el primero de ellos, el más grande. Pero porque grande es su responsabilidad SOCIAL. Lo que nos interesa es “la majestad del poder” y lo que tememos es su capacidad de hacer daño. ¿No debiera ser al revés?

Debemos parar esa noria. Por ejemplo, dejar de contribuir a la violencia de la conversación social, que nuestros ¿líderes? agitan y nosotros alimentamos. Exijamos que bajen el tono y suban las propuestas. Que midan sus palabras. Ellas tienen un poder enorme, que depende del uso que le demos: pueden convocar cataclismos o silenciarlos; levantar ánimos o hundirlos; construir educación. O pervertirla.

Si no lo hacemos, seguiremos cosechando una sociedad repleta de gritones y bandidos. Y de líderes de cuarta que son su esperpéntico reflejo.

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