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Diario Expreso Ecuador

El Diván de Olmedo

Lo que Guayaquil está buscando para su Alcaldía es liderazgo, visión y la capacidad de iniciar reformas que sobrevivan a los cuatro años de una administración

En Guayaquil, el Sillón de Olmedo representa el lugar desde donde se gobernó una ciudad que durante décadas tuvo un proyecto reconocible y una dirección.

En Guayaquil, el Sillón de Olmedo representa el lugar desde donde se gobernó una ciudad que durante décadas tuvo un proyecto reconocible y una dirección.Archivo Expreso

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En Guayaquil, el Sillón de Olmedo es un símbolo. Representa el lugar desde donde se gobernó una ciudad que durante décadas tuvo una idea bastante clara de sí misma. Con aciertos y errores, existía un proyecto reconocible y una dirección.

Tras León vinieron administraciones del mismo partido que, con distintos matices, continuaron parcialmente aquel camino, pero con el paso de los años las encuestas comenzaron a pesar más que la planificación, los aplausos más que las reformas y la popularidad más que la construcción de una visión capaz de sobrevivir al siguiente período municipal.

La ciudad frente a su peor crisis de gestión

Entonces llegó la promesa del cambio. Se anunció una ciudadanización de la política local bajo otro movimiento. Sin embargo, con el tiempo quedó una sensación extraña: una ciudadanización sin ciudadanos. La conversación pública comenzó a llenarse de controversias, disputas personales, polémica en redes sociales y pugnas internas, mientras los grandes debates sobre empleo, seguridad, competitividad y crecimiento urbano quedaban relegados y se llegaba a recordar con nostalgia aún los peores pecados del periodo anterior.

Y ni hablar de esta última etapa. Una subrogación formalmente legítima, pero políticamente extraña para muchos ciudadanos, profundizó la sensación de desconexión. Las terribles intrigas palaciegas, los cambios constantes y los problemas de gestión comenzaron a ocupar más espacio que la propia ciudad.

Y quizá por eso las próximas elecciones son tan importantes para ocupar un sillón que se convirtió en diván. Guayaquil no necesita una competencia para determinar quién parece más guayaco. No está buscando una Estrella de Octubre. Está buscando liderazgo, visión y la capacidad de iniciar reformas que sobrevivan a los cuatro años de una administración.

Pero quizá quien hoy ocupa el Diván de Olmedo no es el alcalde de turno. Tal vez quien está acostado allí es Juan Pueblo. Quizá la verdadera sesión pendiente sea dejar de escuchar a los políticos y volver a escuchar a la ciudad que está en terapia.

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