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Nueva triada del narcotrafico
El mar, las Galápagos y la incorporación de pescadores manabitas y esmeraldeños a una red extensa del narcotráfico internacional es la nueva triada. Sus jefes conocen de las habilidades y destrezas marítimas de los pescadores ecuatorianos. Han encontrado la forma hábil, inteligente y técnica de aprovechar los conocimientos que tienen estos expertos navegantes.
Con habilidad y técnica emplean tres factores. Primero, un manejo adecuado del océano. Segundo, incorporación de las Galápagos como estación de tránsito marítimo hacia Centroamérica, México y EE. UU. Tercero, uso de los conocimientos y experiencia que tienen los pescadores del litoral.
La utilización de la vía marítima del océano Pacífico tiene mucho tiempo. Lo hacen a través de diferentes medios de transportación: lanchas rápidas, barcos de carga y de pesca, submarinos y otras formas camufladas, como el uso de barcos pequeños de pescadores.
El segundo no era conocido sino que lo han integrado recientemente. En las investigaciones y descubrimientos que ha realizado la Marina y organizaciones internacionales que vigilan a los traficantes extranjeros, se ha establecido que actualmente usan a las islas Galápagos como lugar de aprovisionamiento de alimentos, combustibles, revisión de motores, ingreso de volúmenes de droga, etc.
El tercero tiene que ver con la situación económica desesperada y con la pobreza que en los últimos tiempos han experimentado los pescadores del litoral. Las organizaciones internacionales del narcotráfico, comprendiendo sus efectos, comenzaron a realizar una serie de acercamientos y reclutamientos de estos hábiles navegantes de la costa ecuatoriana.
Las investigaciones establecieron que incluso se llegó a simular supuestos naufragios para poder entrar sin ninguna dificultad al país, luego de haber cumplido la labor de “entrega” de la droga en los mercados de Centroamérica, México, EE. UU., etc.
Sería bueno que las autoridades respectivas dirijan programas educativos y de previsión hacia el sector de los pescadores para que no sean tentados por las altas sumas de dinero que les pagan por cada viaje (de 10.000 a 30.000 dólares). Estas cifras pueden ser factor de tentación para estos hábiles hombres del mar, que no ven en ello el riesgo sino una salida fácil a su pobreza y crítica situación económica.