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Noguchi y el Nobel
Hay más que escribir sobre Hideyo Noguchi, de lo ya comentado el domingo pasado. En 1881, Carlos Finlay, epidemiólogo cubano, identificó al mosquito trasmisor de la fiebre amarilla, y fue comprobado en 1900 por el mayor Walter Reed que formaba parte de una comisión de las fuerzas armadas estadounidenses, creada para conocer la causa de muerte en Cuba de muchos soldados estadounidenses en la Guerra entre España y EE. UU. Fue pionero en las investigaciones de la fiebre amarilla. El más famoso hospital militar estadounidense lleva su nombre. Noguchi pensó que había descubierto la vacuna contra la fiebre amarilla. Pero otro científico de la Fundación Rockefeller, el sudafricano Max Theiler, también trabajaba en una vacuna, que fue reconocida como la correcta. Theiler había estudiado medicina en Londres y luego fue contratado como profesor en la Universidad de Harvard, donde se interesó en enfermedades tropicales, y finalmente pasó a trabajar para la Fundación Rockefeller (FR).
Noguchi era una persona obstinada, hizo todo lo posible para probar que había descubierto la cura. Según él, la espirocheta, bacteria de cuerpo fino y alargado, era la causa de la enfermedad. Theiler argumentó que no era así, sus investigaciones señalaban un virus. Noguchi nunca aceptó la teoría de Theiler y se empecinó con su espirocheta. Para los años veinte, la FR había concentrado sus investigaciones en África y había dejado de promover la ‘vacuna’ de Noguchi. Cuando él viajó a Ghana para continuar con sus investigaciones y probar que el origen era la espirocheta, habría comentado: “... ganaré o moriré allá”. Falleció por fiebre amarilla en 1927 en el país africano. Su vacuna no había funcionado. En 1953 Theiler recibió el premio Nobel en Medicina por haber descubierto una de las vacunas más exitosas hasta esa fecha. Irónicamente en el sitio web del Premio Nobel que se refiere a Theiler y el descubrimiento de la vacuna, el nombre de Noguchi no aparece. Antes de incursionar en la fiebre amarilla se dedicó a encontrar antídotos a venenos de culebras. Tuvo éxito en ese campo y en causas de fiebres tropicales.