
Musica y cine en lengua nativa, un paradigma que se rompio
20 Producciones han realizado entre cortos y largometrajes. Proyecto Coraza tiene 12 canciones.
Basta escuchar un acorde para entender que el grupo Runastyle no tocará una canción folclórica.
Sus ‘pintas’ de gorra plana, zapatos tenis y gafas lo dicen todo y cuando se ‘montan’ en el escenario con su tema ‘Descontrol’, el perreo intenso se apodera del público. Nacieron en Otavalo, Imbabura, y aunque su identidad andina está bien arraigada quisieron romper esquemas y hacer música electrónica y urbana en kichwa. No ha sido fácil y, durante su año de trayectoria, se han encontrado con la crítica de algunos coterráneos que piensan que lo que hacen “es dañar la cultura”. Sin embargo, los cinco integrantes de la banda continúan con mucho ánimo porque para ellos el “arte es arte, sin importar el estilo y el idioma”.
Joselito Pipuasi, vocalista de Runastyle, vía telefónica comentó que lo suyo es hacer “fusiones raras”.
Está enamorado de la ‘taki’ (música) desde hace años y se encierra en su estudio para componer sus melodías. “Siempre pensamos en hacer lo nuestro y no copiar, para evitarnos problemas”, acotó.
Cuatro hermanos y un ‘pana’ componen el grupo, cada uno aporta con lo que sabe. Inti toca piano. Emanuel entona la armónica. Joselito es el científico de la banda, porque le gusta experimentar y mezclar géneros. Luis, el mayor de los hermanos, está a punto de graduarse como diseñador gráfico y les festeja todos los logros musicales.
Andy Yamberla, aunque no es de la familia, se ha acoplado bastante bien, toca el saxofón en las electrochichas.
Para los jóvenes cantar en kichwa no es limitar la audiencia. “Nos escucha gente de todos lados, incluso extranjeros. Tal vez no entienden qué dice, pero mueven el cuerpo con los acordes”, contó Joselito.
Las coreografías son su valor agregado. Hasta abajo, con todo y anaco, bailan sus acompañantes en los vídeos, mientras que ellos se contornean de un lado a otro, envueltos en pantalones anchos y con una mano sobre la visera de sus gorras.
Otro grupo que ha causado furor con sus vídeos en redes sociales es Proyecto Coraza, especialmente con su versión de ‘Wiskisito’.
Jonny Oña es el creador de ese clan musical y su sueño es difundir la música de Otavalo con fusiones modernas.
Es así como luego de cinco años siguen vigentes y compartiendo sus raymis, fandangos y tushuys, ritmos clásicos de esa localidad.
Para el músico tampoco fue sencillo integrar dos culturas. Sin embargo, considera que el idioma no es una barrera, ya que el son de sus temas llama la atención de cualquiera.
Una docena de músicos y danzantes se unen en el escenario y, acompañados de un violín, una guitarra eléctrica y una batería han gustado en sus presentaciones por distintos parajes de Ecuador. Baeza, en el Oriente, fue uno de sus destinos recientes.
Para el músico y productor Damiano, el arte tiene un lenguaje universal y así como ha funcionado la salsa en japonés, cualquier género puede manejarse en quichua “como con la música en inglés que, aunque no entendemos, toda la vida la hemos escuchado y nos ha gustado”, refirió.
Filmes de drama, amor y comedía
William León nunca lo dudó y cuando la gente le preguntaba por qué quería hacer cine en kichwa, él contestaba “¿por qué no?”.
Aprendió el idioma desde su infancia, pero al llegar a la capital desde Chimborazo dejó de usarlo y no fue hasta su edad adulta cuando lo reforzó nuevamente.
Desde que tenía cinco años observaba con atención todas las películas que había en casa, con la firme convicción de que algún día haría una en la que participarían los indígenas.
Para sus cintas recurre a distintos géneros: drama, amor, comedia y horror. Incluso ha realizado documentales. Da talleres a jóvenes interesados en la pantalla grande, para los que hablar en kichwa no es un requisito.
Para el productor, el cine es universal, sin importar el idioma en el que esté. Con los subtítulos ha logrado extender su trabajo por el país, incluso al exterior.
La experiencia que más lo ha impactado es cuando presentó la trama en un cine de Guayaquil. “Como no son tan amantes de lo indígena entré y vi la sala con muy pocas personas, pero cuando salí había gente parada hasta en la puerta”, comentó.
Con el ‘Pillallaw’, cinta de terror sobre una leyenda similar al ‘Coco’, William masificó su producción. “No es que merezca más oportunidades por ser indígena, quiero competir contra todo tipo de cine y mi meta es ganar un Óscar”, precisó.