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Una mirada profunda a 37 kilometros de via
Investigadores. El grupo lo integran Teresa Pérez, Juan Carlos Pinto, Gaudy Orejuela e Ivónne Villamagua.

Se dice que la vía a la costa crece desordenadamente. Que en ese proceso que gestan cada día los promotores inmobiliarios no se toma en cuenta la necesidad de la convivencia social y que hasta se está acabando con los recursos territoriales y ambientales.
Es lo que se dice y hasta ahora solo han sido verdades no comprobadas. Hace poco, un grupo de especialistas (ingenieros civiles, arquitectos, urbanistas...) vinculados con la cátedra y la investigación presentó los resultados de un estudio que tomó un año. Desde ahora, lo que se diga acerca de un desarrollo urbano sin planificación en esta parte de la ciudad puede ser revalidado científicamente.
“Revisamos cómo era el sector hasta el 2002 y lo contrastamos con lo que fue hasta el 2016. Dos fotos que comparadas demuestran que la superficie ocupada por las edificaciones en el sector creció hasta en un 61,6 %”, dice Teresa Pérez de Murzi, directora del Instituto de Investigación e Innovación, Hábitat, Diseño y Construcciones (Ihadic) de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG).
La zona, identificada por el Municipio de Guayaquil como sector Chongón y que marca los límites urbanos de la ciudad por el suroeste, tuvo un crecimiento en el 2012 de 93 kilómetros cuadrados y abarca hasta Daular, donde se proyecta construir el futuro aeropuerto de la urbe. Un polígono geográfico que actualmente comprende 177,28 kilómetros cuadrados.
Sobre este espacio precisamente se desarrolló el estudio, que comprobó que el proceso constructivo generó cuatro tipos de conflictos: la ocupación dispersa (sin planificación) del territorio, la fragmentación de los ecosistemas, problemas en la tenencia de la tierra (existen áreas comunales) y que las urbanizaciones incursionan en áreas verdes como la reserva de producción de fauna Manglares El Salado, que se olvidan de la dotación de espacios públicos y que ocupan áreas aledañas a las canteras.
Se evidencia una ocupación focalizada (ciudadelas) y la ubicación de puntos dispersos (cooperativas de viviendas y lotizaciones). Ambas cosas implican riesgos. “En el caso de las urbanizaciones, no dejan espacios para que los grupos sociales se integren. Cada urbanización tiene sus áreas comunales, pero para nosotros no es espacio público. Eso es privado”, sostiene la directora del Ihadic.
En cuanto a la ocupación dispersa, se corre el riesgo de una actividad irregular que merma el recurso suelo. “Se usa de manera inadecuada el territorio. Desde el punto de vista económico es costoso ese mal uso”, agrega esta investigadora.
Acerca de la responsabilidad del Municipio en la situación que se presenta en los costados de la vía a la costa, Pérez, quien es docente en la facultad de Arquitectura de la UCSG, dice que la investigación no trata de buscar culpables, sino demostrar científicamente una tesis. “Lo que sí se evidencia es que no hay planificación y este es un sector en el que coexisten presión inmobiliaria y recursos verdes protegidos”.
Las cifras al descubierto
‘Estudio de la morfología urbana y de la dinámica de ocupación del suelo en la parroquia Chongón. Análisis del modelo de crecimiento de Guayaquil hacia el oeste’. Así se denomina la investigación que pone cifras a la ocupación de las urbanizaciones en la vía a la costa. Son 28 ciudadelas cerradas que ocupan 606 ha y que albergan a cerca de 33.000 habitantes. En todo el polígono de estudio hasta el 2016 el área con edificaciones era de 2.235 ha.