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Microempresas ‘semillas’ en el corazon de la selva
En Pastaza, las mujeres son artesanas en sus comunidades. Los saberes ancestrales se transmiten por generación en cuanto a la elaboración de collares.

Sus manos se mueven con agilidad similar a la de las aves cuando mueven sus alas. Corta, cuece y selecciona las semillas que va a utilizar para las decenas de artesanías que elabora, luego parte a dejarlas en la tienda de la Asociación de Mujeres Waorani de la Amazonía Ecuatoriana.
Nemonte Nihua habita en el corazón de la selva, en la comunidad de Kiwaro, donde se llega después de un trayecto de dos días en lancha desde Puyo. “Desde niñas aprendemos a elaborar las artesanías”, comentó.
Esta actividad la practican todas las mujeres de las diferentes nacionalidades y pueblos indígenas de la Amazonía y serranía. En la Amazonía lo hacen con las semillas que ellas mismas cultivan en sus huertos o las consiguen en lo profundo de la selva.
“Los saberes ancestrales en la elaboración de las artesanías con semillas se han transmitido a través de las generaciones, tanto a los kichwas, shuaras, waoranis, cofanes, achuars, secoyas, záparas, shiwiars y otros pueblos”, mencionó el historiador de Puyo Edwin Aguirre.
Marina Aguinda, del pueblo Cofán, asegura que antes lo hacían de manera rudimentaria, pero con el pasar del tiempo les han capacitado para mejorar las técnicas.
Raquel Kaikiat, nativa shuar, asegura que para abastecerse de las semillas debe cultivarlas. Tiene los dedos lastimados por los múltiples pinchazos a la hora de utilizar la aguja y hacerle el hueco a las pequeñas semillas. “Muchas son duras y se las debe cocinar un poco para ablandarlas”, indica Kaikiat.
Marina Aguinga es kichwa y asegura que antes de la colonización había suficiente semilla para recolectar desde la selva. “Los colonos talaron árboles para construir sus viviendas o para vender y eso hizo que se pierdan las semillas. Queremos recuperar nuestros bosques, en especial esas plantas que nos proveen la materia prima. Hay unas que se cosechan siempre, pero otras tardan hasta 30 años”, sostuvo Aguinga.
Las más utilizadas son las pepas de San Pedro, que se cosechan cada tres meses; la achira, cuya cosecha es permanente; el chocho rojo se da cada 30 años; el siantetacho se cosecha dos veces al año; el copal, cada dos años al igual que el canutillo. De la chambira, se puede obtener la hoja cada cinco años.
“Desde niñas nos enseñan a confeccionar nuestros trajes y accesorios, con el tiempo nos hemos perfeccionado y mejorado los productos para llegar a más clientes”, Mencay Nenquihui, dirigente waorani.
En la comunidad Waorani las mujeres se capacitan de manera permanente para elaborar nuevos diseños. Guaikamo Tañi, lideresa, sostiene que las mujeres se encargan de los quehaceres del hogar y las chacras; en la actualidad incursionan en microempresas.
Menciona que en la comunidad Waorani las mujeres se han organizado y elaboran diferentes objetos para después entregarlos en la tienda comunitaria que está en el centro de Puyo. La destreza con la chambira (especie de piola que obtienen de la palma) les permite elaborar carteras, pulseras, collares, hamacas y toda la diversidad de accesorios.
Las mujeres waoranis de 34 comunidades han aprendido a perfeccionar la actividad. “Es una tradición de las mujeres amazónicas, es parte de nuestra cultura”.
Decoran con plumas y hojas
Las mujeres de cada una de las nacionalidades le dan su propio toque a los accesorios. Georgina Tapi, quien habita en una comunidad shuar de Sucúa en Morona Santiago, asegura que pese a que las tradiciones relacionadas con la vestimenta se pierden, lo relacionado con las artesanías no. Explica que los shuar utilizan mucho las plumas de pájaros para adornar las vestimentas de las reinas o los líderes. Además para dar color a la chambira no utilizan químicos, sino que acuden a la misma selva.