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La meta mas oscura Marieke Vervoort
¿Existen los finales felices? La vida trae consigo situaciones que podrían determinar esto; pero lo cierto es que ese desenlace es un misterio para todos. No así para esta atleta belga, que quiere asegurarse de irse de este mundo a su manera. Una vez q

¿Existen los finales felices? La vida trae consigo situaciones que podrían determinar esto; pero lo cierto es que ese desenlace es un misterio para todos. No así para esta atleta belga, que quiere asegurarse de irse de este mundo a su manera. Una vez que Marieke Velboort cruce la meta de la carrera 400 metros en Río de Janeiro, sabrá que su vida terminó. ¿Será un final soñado?
Ganadora de dos medallas olímpicas en los Juegos Paraolímpicos de Londres 2012, esta atleta belga, hoy con 37 años, tiene todos los papeles de la eutanasia firmados para finalizar su última carrera. La más oscura.
Marieke sufre una extraña enfermedad. Diagnosticada a los 14 años como “degenerativa incurable”, según el rotativo El País de España. Pero antes de conocer cada uno de los hospitales en Bélgica, era una niña que siempre buscaba divertirse y mantenerse entretenida. Su padre, Joseph, principal testigo del periplo y éxito que ha atravesado su hija, reconoció que “siempre quería jugar con los chicos y subir a los árboles”. Una joven totalmente activa.
Ella y el deporte iban de la mano. Era el destino. En clases de natación, sobre una bicicleta y encajándose su kimono (jiu jitsu) para su próxima pelea. En esta arte marcial logró conseguir cinturón marrón (color previo al negro, nivel supremo).
Pero la inesperada transición sería cautelosa. Antes de celebrar sus 15 años, empezó con una dolorosa inflamación en un pie. Durante los siguientes años avanzó por las rodillas. Con 20, Marieke ya dominaba la silla de ruedas. Sus pies dejaron de funcionar.
Decidió frenar sus estudios y dedicarse a enseñar, otra de sus pasiones. Empezó a ser maestra en una guardería y a la par, una serie de operaciones con los mismos resultados.
Pero el deporte no iba a soltar a la belga. Con la pérdida total en su tren interior, Marieke se dedicó a jugar basquetbol en silla, luego triatlón hasta llegar al atletismo.
Con 33 años, iba a llegar una de sus pruebas más complicadas. Londres era el escenario. El objetivo era llegar al podio, no importaba el escalón.
Su primera competencia fue la de 100 metros. Allí sacó fuego de la pista y derrotó a la canadiense Michelle Stilwell y la estadounidense, Kerry Morgan, segunda y tercera, correspondientemente.
Había conquistado el mundo. La gloria era de ella. Era la campeona. “Fue muy especial verlo y poder decir: ¡es mi hija!”, afirma Joseph, quien estuvo entre el público y repetirá en la grada en Río.
En su regreso a casa ya pensaba en los juegos de Río. Rudi Voels, de 52 años, es el técnico de Marieke y responsable de que el equipo de relevos de Bélgica ganase un oro en Pekín 2008. Un genio. “Nunca quiere perderse un entreno. A veces viene con mucho dolor y la obligo a irse a casa”, dijo.
Marieke tiene la mitad inferior del cuerpo paralizado, una visión reducida al 20 %, dolores que le impiden dormir durante largas noches. Reconoce su realidad sin rodeos. “Cuando quiera puedo coger mis papeles y decir ¡es suficiente! Quiero morir. Me da tranquilidad cuando tengo mucho dolor. No quiero vivir como un vegetal”.
A pesar de que sonríe fácilmente, pocos conocen el sufrimiento de la atleta. La simple idea del suicidio acecha a la deportista, que tendrá una batalla más, una línea más por cruzar. Su última historia y su última sonrisa.
Buda y la eutanasia en Bélgica
La belga velocista en 100 y 400 metros lisos, es una adoradora de Buda y se declara seguidora de esta religión. En su habitación tiene una imagen que le transmite paz.
En el país europeo, la eutanasia es legal. Cinco personas deciden morir allí cada día por este método e incluso los menores de edad pueden acabar con su vida si cuentan con el consentimiento de sus padres y un informe psiquiátrico que lo avale. SDP