No esta tan Maduro

En un país con cierto apego a la ley las crisis políticas se resuelvan con diálogo y concesiones. Pero Latinoamérica no es pródiga en parir naciones o líderes así, sino lo contrario: cualquier burro con suficiente audacia ha llegado a Presidente y, si es militar, a longevo dictador.

La de Venezuela es más que una crisis: es una catástrofe, que no se resolverá con una negociación democrática. Venezuela es un Estado mafioso. Esa fue la conclusión a la que, luego de tres años de estudio, llegó InSight Crime (IC), la ONG que estudia la incidencia del crimen organizado en Latinoamérica. Las conclusiones que presentó a fines del año pasado están vigentes y muestran, quizás, las razones por las que el régimen de Nicolás Maduro aún no cae.

El crimen organizado penetró a las Fuerzas Armadas, la Guardia Nacional, las carteras de Educación, Agricultura, Comercio Exterior o Energía, y controla el Servicio Penitenciario y la Inteligencia Nacional, así como la gigante petrolera Pdvsa. Además, dice IC, el narcotráfico pervirtió a un centenar de altos funcionarios, que conforman el “Cartel de los Soles”, entre ellos el vicepresidente Tareck El Aissami y el extitular de la Asamblea, Diosdado Cabello.

No hay control, ni jueces independientes, ni registro de cuentas: en la informalidad más absoluta se mueve la estructura criminal que gobierna Maduro, un inepto extremadamente ladino que ha hecho de su torpeza una eficaz estratagema: nadie apostaba un centavo por él y lleva 6 años resistiendo.

Con un Estado así, ¿qué posibilidades hay de una salida democrática? Se lo pregunté al codirector de IC, Jeremy McDermott. En su opinión, no hay condiciones para eso. Y lo primero que debe hacerse es “evitar la posibilidad de un conflicto civil”. Tiene razón, pues allí tendría todas las de perder la población desarmada.

Maduro no está tan débil. Erosionar sus bases mafiosas requerirá de un mayor esfuerzo internacional que presione la realización de comicios y sanciones a las millonarias cuentas del chavismo en el extranjero. Y más que eso: una unidad lúcida, casa adentro, que hasta hoy no han mostrado sus opositores.