Macron y Bolsonaro
Se reúnen los G7, las 7 economías más fuertes del planeta y logran un fondo de $22 millones para ayudar a la Amazonía. Eso es como si cada país hubiera dado $10 para el bingo, con la finalidad de decir presentes. No estaría mal ese titular: “El G7 crea un fondo para salvar el Amazonas”. Los países que más contaminan, al rescate. Bolsonaro lo sabe. Pero en vez de aceptar que la situación interna de su país vale más que lo que ganen otros con sus relaciones públicas: quédense con su limosna, “Brasil es como una virgen que todos los pervertidos de fuera desean”. Puede que quieras ser Donald Trump. Que, en tu mente, compitas por quién llama más la atención con sus comentarios. Pero tú no manejas a la potencia mundial. Trump puede ponerse de “tú a tú” con China. Declararle una guerra comercial. Ganarse a ese enemigo porque puede competir y ganar. Bolsonaro decidió que Brasil podía equipararse a la UE o declararle una guerra diplomática que escapa de la decencia. Uno de sus ministros calificó a Emmanuel Macron de “imbécil oportunista”. El presidente decidió criticar a la esposa, Brigitte, y compararla, en apariencia, con la suya. Bolsonaro hace esto cuando aún no se firma el Tratado de Libre Comercio Unión Europea- Mercosur. Un tratado por el que este señor luchó más que cualquiera, y que Francia debe ratificar. ¿Con qué ganas? Mejor dicho, ¿con cuánta satisfacción le dirá que no entra? Del otro lado tampoco se están tomando las decisiones más acertadas. Después de estos desplantes, Macron propuso hacer de la Amazonía un “estatus internacional”. La lógica es: si lo que ocurre ahí nos afecta a todos, Brasil no debería ser el único en decidir sobre ese terreno. Interesante. Destruye la soberanía del Estado. Palabra sagrada, intocable, que por ningún motivo puede violársela. ¿Por qué digo que no es inteligente? Porque el brasilero no quiere esa forma de “colonialismo”; porque si es de preocupación internacional, háganle lo mismo a China, cuyo impacto ambiental es 10 veces superior al brasilero. A ver si se atreven. Si para defenderse de la prepotencia tienen que ponerse del lado de Bolsonaro, seguramente lo harán.