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Las ‘bambalinas’ superan a los orfebres en Muey

Sentado sobre un tronco, Héctor González Soriano, de 54 años, bajo la luz de un candil encendido que utiliza para calentar los metales antes de darles forma, golpea con un martillo un pedazo de metal que apuntala sobre un yunque, de esta manera va toma

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Sentado sobre un tronco, Héctor González Soriano, de 54 años, bajo la luz de un candil encendido que utiliza para calentar los metales antes de darles forma, golpea con un martillo un pedazo de metal que apuntala sobre un yunque, de esta manera va tomando forma circular como resultado de tantos impactos que recibe.

“Es una medallita de plata con la imagen de la Virgen Dolorosa que voy a entregar a una señora de Santa Rosa”, comenta González, quien es el último artesano de una familia de orfebres residentes en la parroquia José Luis Tamayo, también conocida como Muey.

Héctor narró que el oficio es una herencia que le dejó su padre Delfín González del Pezo, quien fue uno de los más reconocidos artesanos en trabajos de oro, plata y bronce de este sector.

“El taller lo fundó mi abuelo en la primera década del siglo XX, acá venía mucha gente de diferentes partes de la Península para que le hagan aretes, cadenas, esclavas, anillos, dientes de oro o cualquier figura de animales que se colocaban como ofrendas en las mantas de los santos” relata.

Con los González, como se los conoce en Muey, aprendieron de esta labor la mayoría de artesanos del sector.

Con la llegada de las joyas laminadas o bisutería al Ecuador, el trabajo de estas personas comenzó a declinar, esto porque el producto introducido al mercado es más barato, además la variedad es más extensa de la que pueden hacer los orfebres.

Pero a pesar de que el trabajo ha decaído considerablemente, Héctor González se sigue manteniendo en su taller a la espera que le llegue algún cliente para que le confeccione una fina joya de oro o plata.

“Sí vienen (clientes) de vez en cuando, lo que por allí hace más se hace son los anillos de grado en época que se gradúan los estudiantes, también anillos de matrimonio donde calamos los nombres de los contrayentes”, expresó.

El moldear metales y convertirlos en pequeñas figuras le ha servido a González para educar a sus tres hijos y mantener a su familia y aunque ahora su situación económica es difícil asegura que no abandonará el taller que antes fue de su abuelo, luego de su padre y después de sus hermanos, estos últimos hace varios años también abandonaron el local por falta de trabajos.

“Es verdad que las joyas de ‘bambalina’, como yo las llamo, nos han dejado sin trabajo, pero yo soy optimista y me mantengo firme aunque los clientes me visiten muy poco”, manifestó con entusiasmo. (F)

El uso de las herramientas

Aunque ahora existen herramientas modernas para el trabajo de orfebrería, González sigue utilizando las que un día le entregó su padre. “Yo tenía 10 años cuando él (Delfín) me trajo al taller para que aprenda a hacer anillos de matrimonio; como capté rápido sus enseñanzas me regaló las herramientas que aún conservo”, recuerda con nostalgia.

Cubiertas de polvo por el poco uso que ahora se les da, en el taller de joyería ‘González’ se utiliza la balanza, donde se mide el peso en gramos; yunque para moldear la joyas; fragua, que es un fogón que se utiliza para fundir el oro; crisol, que es un utensilio donde se coloca el metal para fundirlo; entre otros objetos antiguos.

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