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Las leyendas barriales, un nexo con lo ancestral
Lugares antiguos de Quito guardan un bagaje de historias.

Las leyendas contadas a través de las generaciones se impregnan en la memoria de las personas, sin embargo con los años se distorsionan los relatos, pero “incentivan el civismo y el sentido de pertenencia”, señaló el historiador Juan Paz y Miño.
En la capital, estos cuentos abundan y se forjaron especialmente en la época de la Colonia. Su componente principal es mucha fantasía y “algo de realidad”, agregó. Sin embargo, para el experto lo más importante es “saber interpretarlos”.
Las leyendas son parte del imaginario de nuestros ancestros y permiten anclar a la gente con la cultura y tradiciones que se vivieron en épocas pasadas, reflejando prácticas de antaño que no solo se enmarcaron en la Colonia, sino también en pueblos indígenas, montuvios o afroecuatorianos.
Paz y Miño recordó el relato de Abdón Calderón, el héroe niño, quien perdió la vida en la Batalla de Pichincha, el 24 de Mayo de 1822. “Le destrozaron las extremidades y la gente difundió la leyenda de que llevaba la bandera con la boca, pero no es real”.
Estas exageraciones buscan “exaltar a un joven que dio la vida por la patria”. Sin embargo, en el parte de guerra elevado por el general Antonio José de Sucre se refiere que la causa de la muerte del adolescente fueron por “heridas de gravedad”.
Con las leyendas es posible conectarse con los actores del pasado. “Se cuenta una historia diferente. Se esconden hechos y comportamientos sociales. Como en el relato del Padre Almeida, un sacerdote que se salía del convento”, agregó.
En barrio Loma Grande hay un surtido ‘abanico’ de mitos y a ellos hace referencia Marco Rubio, presidente del colectivo de la zona.
Uno de los más difundidos es el de la Virgen del Tomate, leyenda que tuvo como escenario aquel sitio tradicional.
La seda rosa de las medias de Brígida de los Dolores colgaba sutil de un árbol de tomate. Ella levitaba magnífica en una rama delgada, mientras con el dedo índice se ensortijaba el cabello. La gracia de sus gestos recorría por la corteza del árbol y se deslizaba airosa a las raíces. Así, hasta llegar al suelo, donde subía nuevamente por los pies de los muchachos, apoderándose de su voluntad. Ellos sucumbían enamorados y le ofrecían regalos para obtener su amor. Brígida, indiferente a los galanteos, introducía sus dedos en el bordillo de las medias y las elevaba hasta los muslos con punzante coquetería.
Cada día, aquel ritual de seducción se repetía en la copa ‘desnuda’ del árbol de tomate, pero ninguno de los pretendientes ablandaba su cariño.
Cansada de los piropos desabridos, Brígida les sugirió a los muchachos un concurso de poesía y quien le ofreciera los versos más hermosos sería el ganador de su corazón. A la contienda se sumó un chico de apellido Fraga que le recitó un poema y la enamoró.
Aquella historia de amor, cuyo final debió ser feliz, acabó en tragedia, cuando un grupo de jóvenes encontró las piernas de Brígida descuartizadas. Sus medias color rosa estaban teñidas con su sangre. Hoy, en el sitio viven más de seis mil vecinos y aunque no todos conocen las fábulas que rondan los callejones del barrio, el colectivo Mi Loma Grande, liderado por Rubio, busca que la gente recuerde a sus ancestros. “Gente que vivió en estas casas, que creó estos espacios, fiestas tradicionales y costumbres”, añadió.
Otros mitos del barrio
El cuento del Diablo negro, Diablo blanco, dos hombres que se enteran de que son hermanos durante una pelea campal por el amor de una mujer. La vecina, Ronda Suárez, no sabe el origen de aquellos dramas, solo los ha reproducido desde que estaba en la escuela. Con el colectivo espera que se rescate la cultura y se evite la salida de los vecinos hacia otros lugares. Pablo Zúñiga, un antropólogo que habita en el sector, acompaña a Marco en su labor. Incluso juntos han creado tres espacios para difundir las tradiciones del sector.