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“Hay que aprender de los errores”

¿Qué lecciones nos deja a los ecuatorianos el terremoto más fuerte del siglo?
Hay que aprender de los errores cometidos y rectificar. Lo primero, es que debe haber prevención porque al estar en el cinturón de fuego, van a producirse otros terremotos en el futuro y debemos estar preparados para cuando ocurran. En esta prevención debe incluirse la verificación de que las construcciones sean sismorresistentes. Eso tiene que hacerse para evitar la pérdida de vidas humanas por el colapso de las estructuras, como ocurrió en Manabí.
¿Qué debemos aprender sobre la asistencia a las zonas afectadas por el terremoto?
Antes había la Defensa Civil, que era una institución que estaba organizada desde las ciudades hasta las parroquias con voluntarios que sabían cómo actuar ante todo tipo de desastres: inundaciones, terremotos, deslaves, erupciones volcánicas. Lamentablemente, esa organización se destruyó y se despreció el gran conocimiento de los voluntarios y ahí tenemos las consecuencias.
¿De qué errores debemos aprender?
El error macro de las autoridades civiles fue despreciar la organización de los militares. Pero tuvo que acudir ante ellos porque sintieron el fracaso en los primeros días. Al principio hubo tanta desorganización porque las autoridades actuales no sabían qué hacer. No sabían o no quieren entender que hay una institución élite que son las Fuerzas Armadas, que con su capacidad organizativa de material, de transporte, de preparación, de disciplina, podían hacer que desde el principio las cosas se realicen con un plan preestablecido. El gran error estuvo es que no acudieron desde el comienzo a ese ente bien organizado. Cuando comenzaron la recolección de víveres y vituallas, en sitios improvisados y necesitan el transporte, se dan cuenta de que estaban equivocados. Fue allí cuando rectificaron, para bien del país.
¿Qué más se debería tener en cuenta en el futuro para atenuar los efectos de las catástrofes?
Todos los ciudadanos debemos prepararnos para saber qué hacer y cómo reaccionar ante los desastres. La preparación que se ha venido haciendo en la Sierra, por las erupciones de los volcanes Cotopaxi y del Tungurahua, debe extrapolarse al resto del país para todo tipo de desastre. Comenzando por las parroquias, donde existe mucho desconocimiento de cómo actuar.