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Diario Expreso Ecuador

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Un “divo” peligroso

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Las baladronadas y grandilocuencia de que hace gala el presidente estadounidense Donald Trump desde el primer día de su gobierno y su irrefrenable tendencia a intervenir en los problemas que se suscitan en cualquier lugar del mundo, son un factor de inquietud y constante amenaza para los países que no son sus aliados o están bajo su órbita. Su intervención en Medio Oriente ha sido fatal, como ocurrió en Irak y Libia, arrasando con Estados prósperos y progresistas que estaban siendo gobernados por regímenes que no eran de su complacencia, aduciendo que se habían perpetuado en el poder bastando eso para descalificarlos. Pero la historia nos demuestra que un gobernante cuando es excelente debe conservarse el mayor tiempo, mientras la comunidad lo respalde y necesite, como bien han entendido países grandes como Rusia y China.

Trump hace rato tiene puestos sus ojos belicistas en Irán, y tras haber fracasado los gobiernos estadounidenses en su empeño de ayudar a los rebeldes a derrocar el gobierno de Bashar al-Asad en Siria, el martes, desde la Casa Blanca, anunció la retirada de EE.UU. del acuerdo nuclear con Irán de 2015, y el restablecimiento inmediato de sanciones económicas contra el régimen de Teherán, afirmando que “la comunidad internacional no puede prevenir una bomba nuclear iraní bajo la estructura podrida de este acuerdo”. El acuerdo firmado por EE.UU., Francia, Reino Unido, Alemania, Rusia y China con Irán regula los mecanismos de enriquecimiento de uranio para impedir que este desarrolle un arma nuclear. Salvo el arrogante Trump, todos los países han manifestado su decisión de mantenerse fieles a lo pactado. Sin embargo, el secretario de Estado, Mike Pompeo, admitió paladinamente que el Gobierno estadounidense tiene intereses que van más allá del acuerdo nuclear. El ayatola Alí Jamenei, máximo líder espiritual y político de Irán, ha condicionado su respaldo al presidente Hasán Rohaní para mantener el acuerdo nuclear, instándolo a obtener “garantías serias” del resto de los firmantes, en particular de los europeos. Pero al parecer las cartas están echadas. Como si la potencia norteamericana estuviera ávida de mostrar al mundo su poder de devastación y muerte.

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