La justicia desafiada

Sin duda es inédita la cantidad de actos de corrupción denunciados que se cometieron la década anterior, que han perjudicado al país y enriquecido a quienes se han aprovechado de sus funciones o paralelamente, han beneficiado a proveedores, contratistas, financistas, en cifras difíciles de calcular por los porcentajes de sobreprecios y coimas que alcanzarían miles de millones de dólares.

Es el momento de recordar a Bolívar: “La impunidad de los delitos hace que estos se cometan con más frecuencia”. Los ecuatorianos honrados que todavía existen, creen que la administración de justicia está desafiada. Jueces y fiscales deben demostrar que son capaces de efectuar indagaciones que los conduzcan a una recta aplicación de la ley. Las expectativas son escasas por la vinculación política que tienen con el pasado gobierno; hay que mantener la esperanza para no naufragar en la desolación, en el desengaño, en la apuesta a la nada. Es cierto que los operadores de justicia cuentan con locales más funcionales, mejor equipamiento; es hora de hacer justicia.

No hay motivos para el temor en quienes tienen el deber de juzgar apegados a la razón, al derecho, a la verdad. Saben que la Corte Nacional de Justicia debe renovarse parcialmente por mandato constitucional, las circunstancias políticas son propicias para obrar imparcialmente. Hace bien el presidente en cumplir su promesa de campaña de buscar ayuda de una auditoría internacional para establecer despilfarros o pagos excesivos en obras que se proyectaron inicialmente a costos muy inferiores a los que terminaron costando, eso amerita ser investigado con detenimiento por profesionales solventes, confiables; un pícaro cuida no dejar huellas de su atraco. No puede descartarse que pende sobre el poder judicial la posibilidad de un cambio que haga realidad lo que fue motivo de consulta popular en 1997, que disponía su independencia, con carrera judicial y procesos de cooptación consolidados. El país aspira que el dinero mal habido retorne a las arcas fiscales con intereses e indemnizaciones correspondientes. ¡Qué saludable sería que haya sanción para los granujas!