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Diario Expreso Ecuador

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Jubilados y damas admirables

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De cuando en cuando vienen a visitarme en EXPRESO ciudadanos jubilados de diversas actividades, cumplidas especialmente en el denominado sector público. Son seres ética y moralmente enteros. Me alegra que tengan la confianza de venir a compartir conmigo sus inquietudes. En un medio social que ha perdido el sentido de la solidaridad, deben sentirse huérfanos de todo apoyo en sus reclamaciones. Que nadie les hace caso a los viejos, me han expresado entre dolidos e indignados. Saben que, a su tiempo, sirvieron al país con responsabilidad y ahora se sienten maltratados. Antes fueron maestros a contarme que no les cumplían los compromisos adquiridos por las instituciones en que laboraron. Algunos murieron sin lograr el beneficio económico que les hubiese permitido mejorar su generalmente humilde condición de vida.

Hace poco la visita la hizo el abogado de los exempleados de una empresa cementera. Como de costumbre, acuerdos que se presumían ya logrados luego de largas y desgastantes jornadas ahora están en riesgo de volver a situaciones peores que las iniciales y todo ello con la complicidad de quienes se llaman a sí mismos representantes del pueblo pero, en la práctica lo son únicamente del mejor postor. Veamos qué pasa en estos días. Estoy pendiente.

En cuanto a las damas, creo que comparto una admiración que es sin duda mundial. Aludo a las marchas promovidas por mujeres estadounidenses que, con respaldo en diversas ciudades del planeta, han salido a las calles a decirle al presidente Trump, apenas posesionado, que no están dispuestas a que sus logros se retrotraigan y que esas reivindicaciones no son algo que defienden cuatro gatas sino que cuentan con amplio apoyo. La manifestación en Washington fue monumental y absolutamente pacífica. El propio Trump debió reconocerlo, luego de su malestar inicial, como una categoría propia de la calidad de la democracia que instituyeron los padres fundadores.

Sin duda, en esas manifestaciones estuvo el espíritu de Jefferson pero igualmente el de Martin Luther King y, por supuesto, el de Abraham Lincoln. Desde acá les envío mi admiración.

huertaf@granasa.com.ec

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