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Iran despues de las elecciones

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Los recientes triunfos de candidatos reformistas oficialistas en las elecciones parlamentarias de Irán han dado al presidente Hassan Rouhani un impulso bienvenido en la mitad de su mandato. Pero siguen existiendo enormes desafíos económicos que determinarán las líneas de batalla entre el presidente y sus adversarios de ala dura, dentro y fuera del Parlamento.

Las elecciones normalmente se ganan y se pierden conforme a alineamientos políticos. Pero en esta ocasión existen motivos para creer que las preocupaciones económicas fueron un motor importante de cambio político, como quedó demostrado por la masiva concurrencia a las mesas electorales. Desde que Irán firmó el acuerdo nuclear con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las NN. UU. y la Unión Europea, las expectativas populares de una mejora en la economía han alcanzado un estado de excitación extrema. Rouhani es plenamente consciente de la importancia de las expectativas económicas, que fueron precisamente las que lo llevaron a la presidencia en 2013. La reciente campaña electoral una vez más cobró fuerza a partir de la promesa de sanear una economía azotada por años de duras sanciones económicas y una mala gestión interna. Es por eso que le asignó una alta prioridad a cerrar un acuerdo con el mundo exterior, que pudiera poner fin al expediente nuclear y allanar el camino hacia la recuperación económica. Los dos primeros años de gobierno reformista se vieron desbaratados por hechos externos adversos en los mercados internacionales de petróleo. La última crisis estuvo motivada por factores del lado de la demanda vinculados a la crisis financiera asiática. Esta vez, son factores del lado de la oferta los que están creando una saturación global de petróleo.

Los remedios económicos de Rouhani -intentar abrir la economía al comercio exterior y a los flujos de inversión, e introducir reformas económicas para impulsar el sector privado luego del levantamiento de las sanciones- están enfrentados con la visión de los conservadores de línea dura de Irán. Para estos llamados principlistas -que defienden una “economía de resistencia”, basada en años de austeridad marcados por la autosuficiencia y las dependencia de los recursos internos-, el deseo de Rouhani de declarar a Irán “abierto a los negocios” y alentar a los extranjeros a adoptar un papel activo en la economía del país genera tanta alarma como el acuerdo nuclear. El debilitamiento del bloque de poder de los principlistas en el próximo Parlamento es, sin duda, un mensaje contundente del electorado joven de Irán. Pero, si bien pueden haber perdido poder, ciertamente no están fuera de juego. Es aquí donde Rouhani enfrentará su desafío más difícil. Su victoria electoral podría subir la apuesta para él, ya que aumenta la presión para cumplir con las expectativas populares. Pero, como descubrió Khatami cuando perdió frente a Ahmadinejad en 2005, el crecimiento y la recuperación económica no pueden producirse a expensas de las aspiraciones del electorado de mayor igualdad y justicia social.

Project Syndicate

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