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Impunidad o castigo
Ser o no ser es el dilema moral que emerge de nuestra política luego de diez años de la llamada Revolución Ciudadana , simple seudónimo de una aventura populista que, como todas, termina en fracaso, odio entre clases, dilapidación y corrupción generalizada.
Nuestra historia ha desembocado en tan penosa encrucijada, imponiéndonos la disyuntiva de elegir un presidente como Lasso, ajeno y opuesto a los postulados seudorrevolucionarios y segura víctima del sabotaje de una mayoría parlamentaria correísta, o elegir a un Moreno que asevera tener la entereza necesaria para castigar los vicios de corrupción que estigmatizan a la administración actual. Sus intentos de independencia, sin embargo, parecen menguar por oponerse a las exigencias de lealtad a su agrupación y la oposición se ha encargado de ver en ello una muestra del continuismo correísta.
Es muy extraño que ese continuismo se observe en las elecciones legislativas y no se refleje en la votación presidencial de la primera vuelta.
Hoy vemos aglutinarse a la oposición; unos por exclusión, los demás por convicción, se inclinan por Lasso.
El habitual conflicto de interesas que ha primado en nuestra política parece haber cedido el paso -por esta única vez, quizás- a los principios y postulados democráticos que son comunes y a su aversión al correísmo.
La lucha planteada es contra Correa; Moreno tan solo es el coyuntural rival a vencer.
Correa es el verdadero violentador de la democracia; Correa es el insultador y pendenciero; Correa es el dictador autócrata.
En Moreno habrá una virtual desconfianza dada su procedencia partidista, matizada con la esperanza de que, si llegare a ser presidente, no lo sea a imagen y semejanza de Correa.
Sin duda, el país pide un nuevo rumbo.
El Ecuador quiere olvidar la gran farsa del “progresismo”, atribuido graciosa e inconsultamente a la izquierda revolucionaria cada vez que se alude a ella.
El falso progresismo de la izquierda se convirtió en un estereotipo y bastaba que cualquier ignorante se proclame izquierdista para que muchos vieran en él la imagen de la excelencia humana. Verdadera ridiculez .
Solo anhelamos que el candidato triunfante entienda que las virtudes principales que debe mostrar un presidente para adquirir autoridad moral sobre un pueblo son la sencillez, la humildad y la honradez.
Esperamos de Lasso que confirme y amplíe sus planes reconstructores con un claro y marcado énfasis en lo social , y que, paralelamente, Moreno brinde pruebas inequívocas de liberarse de los estigmatizados personajes que luchan por el continuismo retrógrado del actual régimen.
No nos merecemos militantes fundamentalistas de posturas económicas comprobadamente fallidas. Si esto se logra con pragmatismo y honestidad, la esperanza de mejores días para este vapuleado país tendrá reales asideros. La cordura habría vuelto. El respeto a los seres humanos se habría reimplantado. La honestidad constituiría la tónica de la nueva administración... y además, los pillastres y sus encubridores estarían en la cárcel.
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