
Imagenes creadas por manos de fe
La elaboración de imágenes religiosas es más que una forma de ganarse la vida, es la labor de un artista. Aquello se evidencia al ver los detalles de cada figura elaborada en un taller en Sígsig, provincia de Azuay.
La elaboración de imágenes religiosas es más que una forma de ganarse la vida, es la labor de un artista. Aquello se evidencia al ver los detalles de cada figura elaborada en un taller en Sígsig, provincia de Azuay.
Celina Sánchez, de 43 años, es quien da forma a estos trabajos hechos en madera. El conocimiento de la labor artística es un legado de su padre. Lleva 35 años haciendo crucifijos y esculturas de Jesucristo y del Niño Dios, con la intención de mantener una tradición de fe en los azuayos.
“Me encanta tallar el rostro de Cristo”, aduce la mujer, señalando que también restaura imágenes antiguas, de uso común en altares domésticos.
El oficio es ancestral, pues su abuelo y bisabuelo también se dedicaron a esta labor. Generalmente se utilizan maderas de nogal y chachacomo, que se extraen de los bosques en Sígsig.
Celina recuerda que desde los 8 años ayudaba a su progenitor en la elaboración de los clavos del Cristo crucificado y la leyenda del ‘Inri’, que se coloca en la parte superior de las cruces.
“Al inicio, no tenía control en el corte y destajo de la madera. Mi papá no me permitía hacer trabajos muy difíciles, él siempre fue perfeccionista y no quería obras con errores”, cuenta la artista.
Su trabajo como artesana ha sido reconocido a nivel internacional, tras su presencia en festivales, organizados anualmente por el Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares (Cidap).
Su labor la hizo merecedora de la certificación a la “Excelencia Artesanal”, que otorga la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).