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Un futuro limpio de maleza
El Municipio desbroza y repara el parque de Brisas del Río, que ya cuenta con un nuevo comité. Los vecinos, ilusionados, desean aunar esfuerzos para cuidarlo

La desidia de los residentes creció con la misma rapidez que los montes. Pero hoy, el pasado se limpia a punta de machete y desbrozadora. Toca mirar al mañana y encontrar la ilusión perdida entre pilas de maleza, que la retroexcavadora carga hasta una volqueta apostada en la carretera.
Fernando Rodríguez arenga a los nueve operarios municipales que lo acompañan. Bajo un sol perverso, casi diabólico, el equipo, enfundado en empapadas y oscuras camisetas de manga larga, trabaja a destajo para que el parque de Brisas del Río, al norte de Guayaquil, recupere su brillo.
Varios policías de la UPC levantada al pie del lugar colaboran en las tareas, que comenzaron el pasado lunes al alba y culminarán en las próximas horas con la poda de los árboles y la pintura del mobiliario. “Sin duda, es uno de los peores parques que he visto”, asiente uno de los jardineros.
Hace diez días, EXPRESO desveló que el área verde de la ciudadela, donde viven 150 familias, parecía una jungla. Los hierbajos alcanzaban los dos metros de altura en algunos puntos; los juegos infantiles lucían oxidados; había charcas de aguas cetrinas, donde ratas y mosquitos se daban festines a diario; los excrementos de perro regaban la caminera; y algunos habían avistado culebras y un zorro.
Tras conseguir la regeneración en 2010, el comité barrial solo pudo mantenerlo un lustro y se disolvió. César Cevallos, de 67 años y antiguo miembro del colectivo, asegura que la “falta de apoyo” vecinal los condenó a la rendición.
Pero Abel Pesantes, director de Áreas Verdes, Parques y Movilización Cívica, también recuerda que los dos dirigentes de entonces, entre los que no figura Cevallos, se negaron a firmar el acta de compromiso después de la entrega oficial. A raíz de aquel episodio, exige a quienes solicitan su intervención que sellen el documento antes de iniciar cualquier tipo de reforma.
Como ya indicó este Diario, el Cabildo destinará 364.414,92 dólares para que, entre este mes y mayo, varias empresas poden y rocíen herbicidas donde se precise. Pero en Brisas del Río, son empleados municipales los que llevan las riendas. Y el vecindario celebra su presencia con promesas de cambio. “Va a quedar bien bonito. Seguro que todo mejorará”, añade Cevallos, eufórico.
Gutenberg Reyes, mecánico de 43 años, labora desde hace ocho en un taller esquinero. Y no solo arrima el hombro para adecentar una parcela, sino que lo hace ungido en aceite de carro: “Esto es excelente, algo que nos urgía. Trabajaremos muy juntos. Debe ser así. Y más aún cuando al otro lado, en Acuarela del Río, hay un parque realmente hermoso”.
Hasta los comerciantes confían en que la ciudadela se revitalice, en que los moradores vuelvan a congregarse en las bancas y la glorieta, en que su punto de reunión bulla ufano como antaño. “Estábamos muy preocupados. Nadie quería salir a pasear por los insectos y los demás animales”, resalta Manuel Sánchez, de 35 años y propietario de una tienda de abastos.
Ahora, el timón del futuro está en manos de un viejo lobo de mar, que recorrió Italia, Alemania y Francia durante décadas. Néstor Mora, a tres inviernos de los 70, espera aplicar la experiencia que acumuló en los majestuosos jardines de Versalles, los bulevares parisinos más bohemios, las hostiles aguas germanas y las plácidas del Mediterráneo.
Además, ya cuidaba desde hacía tiempo otra área verde y había tendido los puentes necesarios con el Municipio. “Sí se puede involucrar a la comunidad. Tenemos que ofrecerle nuestras manos y entregar invitaciones a todos los residentes para que acepten una pequeña cuotita mensual. Siempre he sentido ganas de ayudar”, comenta esperanzado el nuevo presidente del comité.
Su receta parece simple, pero sabe que no será fácil de aliñar. Porque la clave pasa por “cambiar la mentalidad” de los vecinos: “El parque es para descansar y que jueguen las criaturas, no para que algunos perros hagan sus necesidades y los dueños no las recojan”.