Futbol, violencia y agresion

Lejos está el tiempo en que el deporte se practicaba para mantener el cuerpo y la mente sanos. Esto dejó de ser un valor psicosocial de los ciudadanos. Ya no es parte de la importancia lúdica del colectivo humano. Es posible que en su degradación incidieran los nacionalismos, los localismos, los particularismos culturales y sobre todo el aspecto mercantil que se le adhirió.

Desde 1950 el fútbol se constituyó en el deporte planetario que interrelacionó pueblos y culturas diferentes, siendo un positivo puente de intercambios culturales. Pero desde que el fanatismo se tomó este espectáculo y surgieron las barras agresivas, el juego perdió brillo, hasta generar violencia en los estadios. Las barras iracundas, como los hooligans en Inglaterra y otros países, hacen evidente que el fútbol desde esas cofradías de fanáticos es portador de violencia. Lo que el domingo 5 sucedió en el estadio de Barcelona de Guayaquil tiene que ver con esta “singular” forma de vivir y sentir el fanatismo por un equipo de fútbol.

Que un grupo de hinchas haya agredido a otro del mismo equipo prueba la presencia de un factor de descomposición social, ético y cultural, pues se espera que entre ellos sean fraternos y unidos. Resulta insólito que hinchas del más popular equipo de fútbol del país se hayan enfrentado entre sí hasta generar más de 40 heridos y la suspensión del partido.

Este hecho debe ser investigado a fondo y sus culpables ser castigados con todo el rigor de la ley. No cabe que a pretexto de ser hinchas y barras de un equipo se den actos de terror, agresión y criminalidad en los estadios. Los asistentes van por el espectáculo que sus equipos puedan brindar y no a buscar ser heridos o asesinados por vándalos.

Para nadie es desconocido que algunos dirigentes deportivos organizan, costean y transportan a las barras de esos equipos. Esto es positivo si solo se busca irradiar simpatías hacia el club preferido. Lo negativo es que algunos de ellos las ayudan, movilizan y financian, con pleno conocimiento de que en ellas hay sectores violentos. Esto debe terminar.

Es hora de que la dirigencia distinga a quienes son simpatizantes, hinchas, adherentes y fanáticos de un club, de aquellos que son grupos de vándalos y criminales que atentan contra la vida de los asistentes a los estadios.