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FREDDY FIGUEROA, un ‘gigante’ del judo a Rio
En menos de 1 año la vida deportiva de Freddy Figueroa ha sido un completo vendaval. Medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y su primera clasificación a unos Juegos Olímpicos, el martes pasado, son aún difícil de asimilar.

En menos de 1 año la vida deportiva de Freddy Figueroa ha sido un completo vendaval. Medalla de plata en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y su primera clasificación a unos Juegos Olímpicos, el martes pasado, son aún difícil de asimilar. Así lo reconoce el judoca guayaquileño que se convertirá, en Río, en el primer tricolor de la historia clasificado en la categoría +100 kilogramos, la más pesada de este deporte.
Con 21 años, 1,90 de estatura y de apariencia ruda, Freddy es más bien de sonrisa afable y extrovertido. Ayer, mientras entrenaba como todos los días en el dojo de la Federación Ecuatoriana de Judo, le contó a EXPRESO que vive un sueño al que no le había apostado, más aún cuando recuerda que en el 2011 estuvo retirado del deporte y a punto de dejarlo de manera definitiva.
“Los Juegos del 2015 fueron el inicio de toda esta locura... (sonríe). Luego de ganar la plata empezamos a planificar los torneos en los que podíamos puntuar para lograr la clasificación y así se dio”, confiesa Figueroa.
El Panamericano de la disciplina, celebrado en Cuba a fines de abril pasado, le dio el cupo indirectamente. Ahí Freddy sumó 517 puntos y terminó 23 en el mundo a la espera de lo que sucedió el último fin de semana en el Campeonato Mundial Máster de México, donde José Cuevas (su más cercano perseguidor) no sumó puntos y pudo acceder.
Guayaco de cepa -creció en Lomas de la Alborada (norte de la urbe)- ‘el gigante del judo’ inició su idilio con el deporte a los 12 años, cuando su madre lo inscribió en un curso vacacional. Antes, por su contextura, probó con el tae kwondo pero declinó.
Ya en el 2011, cuando había ganado un nivel avanzado de competencia, la falta de ayuda hizo que deje la actividad por 2 años. El judo había muerto para él. No se inscribió en competencias, ni entrenó; sin embargo, a fines del 2012, oír que había vuelto la remuneración económica a los deportistas lo motivó a volver con los resultados hoy visibles.
“Nervios hay; expectativa, ansiedad; es más, todavía no lo creo, pero daré lo mejor en Río. Soy el orgullo de mi familia (es el único deportista) y quiero ser el orgullo del país”, apostilló.