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Follow the money
Si desea dar con los culpables de algún atraco, “sígale la pista al dinero” y hallará a los culpables, decimos los economistas. Es un método equivalente al de los detectives quienes, al buscar a los culpables de cualquier delito, analizan los motivos, la oportunidad y los medios que los maleantes o asesinos tuvieron para cometer sus delitos.
Cualquier investigación proba debe comenzar por escanear el cuadro completo de quienes, en el ejercicio del poder durante la década pasada, hicieron de las suyas con los $30.000 a $36.000 millones que el ministro de Comercio, en un momento de candor (¿o será un resbalón freudiano?), afirma se pueden repatriar.
Si de los dineros de los ecuatorianos, contribuyentes o no, se trata, cualquier intento de bloquear el curso de la justicia por parte de la autoridad es obstrucción de la misma y, como tal, un delito de naturaleza criminal.
¡Y hay delitos que quieren pasar de agache!
Cuando se denuncia los atracos en la comercialización del crudo, rara vez se menciona el período 2007 –2008, durante el cual se desvanecieron $1.350 millones o más de ingresos para el país. ¿Y, cuál es esa evidencia? Pues no hay ADN (por el momento), pero sí hay resultados que son la consecuencia de una política guiada por la ideología del desbarajuste llamado Socialismo del Siglo XXI. ¿Quiénes lo ejecutaron? Los que, motivados por la ambición y el dinero fácil originado en el ejercicio absoluto del poder, dispusieron de los medios para delinquir y aprovecharon la oportunidad para hacerlo mientras nos decían que cambiaban el país.
En economía medimos la bondad de las decisiones por sus resultados. En una investigación que llevé a cabo, abarcando el período 1986-2016, las observaciones diarias, debidamente equiparadas, de los diferenciales de precios entre el WTI (crudo referente) y las variedades ecuatorianas (Napo y Oriente), arrojaron un valor de $5,28 por barril, a precios constantes de 2007.
En 2007 las “anomalías” en los ingresos por venta de crudo, esto es, los diferenciales por encima del promedio de $5,28, fueron de $7,12 por barril, y al año siguiente escalaron a $11,29. ¿Qué pudo causar este atropello? No fueron los mercados, pues estos estaban al alza. En 2008 los crudos ecuatorianos se cotizaron a $83 por barril, el promedio más alto alcanzado hasta ese momento en toda la historia petrolera del país. Da la impresión de que los galarifos decidieron hacer suya la bonanza petrolera embolsicándose $11 por barril, que fueron depositados en sus cuentas “offshore”.
¿Y quiénes son los galarifos? Ahí es cuando se debe aplicar el principio de “follow the money” para determinar quiénes, y con quiénes se hicieron los negocios. No sorprende saber que los compadres venezolanos del Siglo XXI eran socios del crimen, y que había, además, otros en el Cono Sur. La evidencia abrumadora del perjuicio hace añicos el concepto de que las ventas de gobierno a gobierno, sin la presencia de intermediarios idóneos, es la mejor opción.
Los pillos tienen la habilidad innata para incrustarse en gobiernos incautos que piensan haber descubierto la nueva economía, que no es otra cosa que las prácticas del crimen organizado.