Europa despues del Brexit

El presidente de EE. UU. Franklin D. Roosevelt afirmó que “a lo único que debemos temer es al propio miedo”. El referendo por el Brexit en el Reino Unido, en el cual apenas más de la mitad de quienes votaron decidieron abandonar la Unión Europea, demostró que no estaba del todo en lo cierto. También debemos temer a quienes -como los líderes populistas británicos- se aprovechan de los miedos del público para lograr resultados verdaderamente aterradores. La consecuencia bien puede ser la desintegración de la UE. Tras 43 años de ser miembro, el RU -en la forma supuestamente más democrática posible- ha decidido retraerse hacia sí mismo; los británicos, han votado en contra de sus propios intereses. Con su rechazo a la UE, probablemente hayan condenado a su país a un empobrecimiento gradual y, tal vez, a una desintegración no tan gradual, ya que los líderes de Escocia e Irlanda del Norte, que votaron por abrumadora mayoría a favor de continuar formando parte de la UE, han afirmado que desean escindirse. Los británicos debieron haber temido al Brexit. La razón débilmente defendida por voces de la clase dirigente, carentes de inspiración y confianza, no logró hacer frente a los temores de lo que podía pasar por una puerta abierta hacia el resto de Europa y del mundo. La paradoja es que precisamente cuando le dicen “non” a Europa, los británicos están más cerca en términos emocionales del resto de ciudadanos europeos. Y tal vez ese sea el problema: la gente en toda Europa y en todo el mundo teme a la globalización, que ha metido a un “otro” amenazador en sus vidas diarias y socavado su sustento, beneficiando solo a las élites; teme por su seguridad y empleos, y está furiosa con los líderes que no han defendido sus intereses. El resultado: los “desposeídos” se están enfrentando cada vez más a las élites privilegiadas y a la apertura que estas favorecen, exigiendo un regreso a lo que perciben como un pasado más predecible y seguro. La nostalgia impulsó la campaña para abandonar la UE, así como el deseo de castigar a los sinvergüenzas a cargo. El voto por el Brexit no fue una casualidad, ni debió ser una sorpresa. Una de sus lecciones más importantes es que cuando los políticos tratan de manipular las emociones de la sociedad en beneficio propio, como lo hizo el primer ministro Cameron, las cosas rápidamente pueden irse de las manos. El problema para el resto de Europa es que el Brexit podría funcionar como acelerador de las pasiones populares, mientras los irresponsables populistas alegremente echan leña al fuego. El grado en que Europa se desmembrará y las consecuencias de ese proceso quedan por verse, pero es razonable esperar que los movimientos populistas e independentistas en Europa y otros lugares se sientan vigorizados por esta decisión: la imagen de Europa en una aparente decadencia terminal socavará su poder de atracción. Con la amenaza al papel de Europa en el escenario internacional, sus líderes deben encarar urgentemente una autoevaluación masiva, descubrir qué hicieron -y qué no- para perder la confianza de sus ciudadanos y desarrollar un plan tanto a nivel nacional como de UE para recuperarla. Si la UE se deja llevar por el pánico y lanza un esfuerzo precipitado para avanzar, demostrará que no comprende lo que está ocurriendo.

El 23 de junio de 2016 podría ser recordado como el día en que Europa finalmente despertó y entendió que, para garantizar su futuro, su única opción es reinventarse a sí misma.

Project Syndicate