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EE. UU.: el debate que viene
El año 2007, Paul Krugman, Premio Nobel de Economía del 2008, escribió para el New York Times un artículo en el que sostenía que: “los Estados Unidos requerían de un “contragolpe populista” para revertir el aumento de la desigualdad social”.
Sustentándolo en el prestigio del autor, podría arriesgarse el criterio de que la actual contienda electoral refleja que dicho contragolpe está en pleno desarrollo.
Ocurre en efecto que, mezclando circunstancias y discursos, por obra y gracia de la manera audaz de juzgar y catalogar que tienen algunos denominados analistas, muchos de ellos lo visualizan ostensiblemente, incluso en ambos lados del espectro político. El contragolpe populista, según esos criterios, se observa desde la izquierda en el discurso de Bernie Sanders y por cuenta de la derecha en el de Donald Trump.
Partiendo de que la categoría populismo no ha logrado todavía homogeneidad conceptual en los medios académicos y se usa, bien en sentido peyorativo homologándola con demagogia, o indistintamente como signo de un progresismo que busca el acceso de lo popular a la agenda pública, parece estar claro que no es justo clasificar como variedades de una misma especie a Sanders y a Trump. En todo caso, la única similitud visible es que ambos encarnan distintos géneros de un ostensible descontento con el actual “statu quo”.
Así, un fatigado electorado, fundamentalmente joven, ha encontrado, por paradoja, en el viejo senador la deseada proclama de la eterna búsqueda de la equidad y la atrevida e inusual denuncia, a su criterio, de las razones de la intolerable desigualdad.
Por su parte, el empresario inmobiliario devenido en político ha logrado, usando el miedo como combustible, calentar la ignorancia y destilar en odio un bien guardado egoísmo revestido de agresivo nacionalismo.
Libre ya de contendientes el espacio republicano y, aparentemente, sin posibilidades de que Sanders gane sus primarias, dura será la batalla que deberá enfrentar Hillary Clinton para vencer al demagogo. Le será indispensable que Sanders logre endosarle a sus irreverentes partidarios, tarea nada fácil puesto que él mismo, en el proceso de selección ha golpeado con poderosos argumentos la imagen de la exsecretaria de Estado. Tal vez un debate a fondo podría evidenciar las falencias de Trump.