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Dogmatismos y fijaciones ideologicas
El otro día le escuché comentar al vicepresidente de la República lo que en otras épocas llamábamos prejuicios y que hoy puede llamarse “dogmatismo”.
Para referirse a esa actitud, algunos dicen, no sabemos con qué propiedad, “ADN ideológico”. A lo que se refieren es a esa especie de ceguera parcial que impide ver la mayor parte de los hechos y no quedarse en la etiqueta de los mismos.
El tema en cuestión era el del préstamo del Banco Mundial al Ecuador y el rechazo airado que ha recibido. ¿Qué impide analizar las condiciones de este préstamo con la misma tranquilidad y hasta el buen humor que cuando, domésticamente, comparamos el financiamiento de dos productos iguales ofrecidos por casas diferentes? Ciertamente pesa el nombre del distribuidor, la marca y lo que ello implica. Pero el decisor más fuerte en esa situación es el interés que cobra cada uno y las posibles ventajas (meses de gracia, sin intereses, etc.) A nadie se le ocurriría en estos meses de la madre y del padre, comprar lo mismo con intereses más altos sin ninguna de las ventajas que se ofrecen.
El problema es el nombre: Banco Mundial. Inmediatamente se desata toda la historia de agravios, ofensas, injusticias que pueblan el imaginario latinoamericano. Preferible endeudarse entonces, por el mismo valor, aunque tenga un interés tres veces más alto pero que quien lo otorga esté revestido del linaje revolucionario. China por ejemplo...
Estos casos pueden multiplicarse. Es el presidente de México que llama a los españoles a pedir perdón por lo sucedido en la Conquista y en la Colonia, y olvida que Cortez pudo dominar a los valientes aztecas gracias a las tribus locales que le traducían su lenguaje y sobre todo su mentalidad y usos de guerra. ¿La Malinche? Por cierto, en el territorio del imperio azteca y en el de los incas, a la llegada de los españoles se libraban guerras crueles, con miles de víctimas, en alguno de los casos por pasiones desatadas por el poder, sacadas de un drama de Shakespeare. Y sin embargo, la leyenda, negra o roja continúa.