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Diario Expreso Ecuador

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Desidia con la muerte

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Algo muy grave debe estar pasando en un país que mira con indiferencia cómo las carreteras se están convirtiendo en una incontenible sangría de vidas humanas. En apenas 48 horas dos terribles accidentes de autobús se han cobrado la vida de 36 personas. Los sucesos llaman la atención por el número de víctimas y por la inmediatez de los dos accidentes, pero poco más.

El problema principal es que no se trata de hechos aislados. Los siniestros en las carreteras ecuatorianas son continuos, hasta tal punto que se han convertido en parte del paisaje nacional y apenas merecen un espacio de rutina en las informaciones diarias de los medios de comunicación. Vaya pues por delante nuestro ‘mea culpa’ por no saber trasladar a la sociedad la gravedad de un problema convertido en la peor epidemia que azota al Ecuador con miles de muertos y afectados todos los años.

Pero no solo los medios estamos en la lista de culpables. Las autoridades tienen que comenzar a tomarse en serio, pero realmente en serio, esta lacra. Ya no valen declaraciones de intenciones, interminables debates en la Asamblea o anuncios de medidas que luego nadie cumple en la más absoluta impunidad.

El mal estado de las carreteras, la falta de educación vial, una deficiente capacitación de los conductores, controles a ojo de los vehículos y la ausencia de campañas de concienciación y sensibilización son causas que el Gobierno y las autoridades locales y provinciales tienen que abordar con urgencia para poner freno a un problema nacional que deja un rastro de muerte irreparable.

El autobús con seguidores de Barcelona no tenía permiso para viajar a Cuenca, el autocar que venía de Colombia tampoco llevaba la documentación en regla, según las autoridades del vecino país. ¿Cuántos están circulando por nuestras vías sin cumplir con los requisitos legales?

Urgen medidas de inmediato, ya no podemos seguir mirando con desidia lo que está pasando. La sociedad debe levantarse y hacer sentir con fuerza su tolerancia cero a este problema. Con contundencia. Y exigir medidas extremas. Represión severa castigando con dureza al bolsillo de los infractores si hace falta y educación en todos los niveles. También desde los espacios propagandísticos del Gobierno que para esto sí tendrían plena justificación.

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