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Diario Expreso Ecuador

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Dejar la indiferente comodidad

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Guayaquil es una sociedad que conjuga tres dimensiones: es ciudad, puerto y centro mercantil dinámico. Esto dice de por sí cual es su perfil. Por eso cualquier referencia sobre ella, necesariamente tiene que partir de esta consideración.

También hay otro aspecto que generalmente se omite. Es el que se refiere a establecer cuál es su materia prima, la vida y el espíritu que la define, sustenta y proyecta. En este ámbito hay dos elementos: el conjunto de sociabilidades dinámicas, abiertas y plurales, y lo que hacen, procesan o dejan de hacer sus integrantes.

Por ello es preciso comprender que la ciudad no se hace sola. La hacen y construyen cotidianamente diferentes actores, colectivos e individuales. Su eje central siempre son los ciudadanos, sus ideas, acciones y proyecciones. Se dice que el alma de Guayaquil es su sociedad.

Esto es cierto, aunque también lo son las relaciones sociales, los tipos de sociabilidades, así como el asumir el derecho a ser libre, el saberse relacionar con el mercado y sobre todo, el reconocerse como un actor socioeconómico, cultural y político fundamental. Sin esto no es posible pensar y creer que puede existir Guayaquil.

Todo este conjunto ha constituido la base del proceso de construcción permanente de la ciudad, su gente emprendedora, mercantil, activa, pujante, guerrera, etc. Esto, que era su tradición, parece que se ha debilitado, tiene quebrantos y bloqueos.

Es como si el “guayaquileño típico” hubiera enfriado su espíritu en relación a su pujante actividad y defensa inclaudicable de ser libre y de defender tal modo de ser.

Aquello tiene relación con la pasividad e indiferencia del guayaquileño actual, que raya en una comodidad tal, que no lo hace capaz de reaccionar ante los crecientes procesos de inseguridad, asedio y amenazas a su libertad.

Por eso es preciso que se medite respecto a esa cómoda indiferencia, apatía, quemeimportismo y hasta abandono, de pedir y exigir seguridad por parte de quienes tienen la responsabilidad de proporcionarla y no lo hacen. Esta es una pregunta central que debe ser respondida por sus integrantes, pues si se acepta que hay debilitamiento, significa que la ciudadanía del Guayaquil auténtico, profundo y plural, han renunciado a su capacidad de protesta, adaptándose a una comodidad sociopolítica que no le garantiza seguridad cotidiana a la vidas de sus habitantes.

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