Actualidad
D.P.
En el ocaso de mi vida, luego de haber honrado el juramento hipocrático cumpliendo la misión de curar o salvar vidas con mis virtudes y defectos, parezco un delincuente, gracias a un pérfido y miserable COIP, en el cual algunos legisladores, anencéfalos subclínicos, se esmeraron en tipificarnos cual vulgares facinerosos, permitiendo que autoridades sin conocimientos ni preparación médica pudiesen extender órdenes de prisión preventiva contra nosotros, de manera lesiva y arbitraria.
La última víctima de tamaño despropósito ha sido el Dr. Carlos López Ayala, detenido “por haberse negado a atender a una paciente”, cuando frente a la emergencia se demoró cerca de 5 minutos en llegar y luego de valorarla, le colocó un catéter venoso para reanimarla y estabilizarla mediante la perfusión de líquidos, al mismo tiempo que solícito, la acompañó e interpretó los estudios requeridos, llevándola a quirófano para una intervención de casi 4 horas, luego de la cual falleció dadas sus gravísimas lesiones, toda vez que era un caso prácticamente insalvable.
La sentencia a prisión de marras, injurídica y cual acto de imbecilidad supina, evidencia la indefensión de los médicos ecuatorianos frente a su práctica profesional, siendo lamentable que cuando se tramitaba el COIP no haya habido un levantamiento masivo de la clase médica para impedir tamaña agresión.
Debemos unirnos para lograr que se reforme el COIP y se eliminen los artículos que criminalizan o penalizan la actividad médica y luego de ello, lograr que se organice en el Ecuador la Conamed - Comisión Nacional de Auditoría Médica, para que en un ámbito jurídico-médico se ventilen los casos en donde se ponga en duda la idoneidad, seriedad, responsabilidad y acierto de un médico, para que luego de un prolijo arbitraje, quienes no estuviesen satisfechos con el mismo, puedan acudir a la justicia ordinaria para ventilar su queja, en caso de persistir su inconformidad.
Luchemos para impedir el que tengamos que agregar a nuestro nombre en lugar de M.D., las iniciales D.P., es decir, Delincuentes Potenciales.
Y sigo andando...
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