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No es cuestion de nombres
La hora que vive el Ecuador no es para que se juegue con él. La acuciante y grave situación provocada por los terremotos, el fiscal y el que destruyó gran parte Esmeraldas y de Manabí, obliga a que todos los ecuatorianos comprendamos que es necesario arrimar el hombro para reconstruir el país. El pueblo ecuatoriano aparentemente demuestra estar abúlico. Esto no es verdad. Lo que está es cansado de escuchar frases, peroratas, discursos anodinos, sin ningún contenido que haga prever un mejor futuro. Es innegable que los actores políticos, sean de la tendencia que sean, deben entender a su pueblo, y si lo entienden lo que deben hacer de inmediato es decirle “cómo” vamos a salir de esta lamentable situación. Los “que” ya los conoce el pueblo: que estamos fregados, que no hay empleo, que hay inseguridad jurídica, que hay corrupción, que no hay independencia de poderes, etc. ... Todo esto lo conoce bien el pueblo. Lo que quiere saber es “cómo” vamos a hacer para que haya fuentes de trabajo, para que haya seguridad jurídica, para que se combata a fondo y sin contemplaciones a la corrupción, para que se enjuicie a quienes han perjudicado al erario nacional, para involucrarnos al mundo, como lo han hecho otros países que están mejor que nosotros; cómo hay que actuar honestamente, con la mirada puesta en el futuro de la patria, por encima de ideologías que de tales, poco o nada tienen. Así es como hay que actuar, antes que pensar en nombres para las dignidades a elegirse el próximo año. Previamente debe estructurarse un proyecto concreto, mínimo, no demagógico, que el pueblo lo entienda. Hay que comprender que por muy inmensa popularidad que tenga un líder, y que aunque sea excitante y atractivo para las masas, eso no significa que la gente escuche lo que él dice, y menos aún que le obedezca. En este caso a la gente le gusta el cantante y no la canción.
Los políticos, si se sienten tales, deben posponer ambiciones personales y hasta donde puedan, buscar la unidad para, desde la Asamblea y desde la función Ejecutiva, llevar a cabo el cambio que el Ecuador necesita.
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