Efectos. La calle principal de la ciudadela Sauces VI, en el norte de Guayaquil, quedó anegada tras la precipitación del 19 de abril. Esa fue también la más intensa del mes.

En el centro-norte de la ciudad llueve mas

El análisis de los registros históricos y actuales del clima revela las tendencias y características de las precipitaciones en Guayaquil. Les presentamos seis de ellas.

El Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi) ha indicado que estamos en la parte final de la estación lluviosa. La entidad tiene registros del clima en la ciudad desde 1962, con los datos de la estación meteorológica del aeropuerto. Ahora suma 14 en diversas zonas de la ciudad. Raúl Mejía, coordinador regional, comparte aspectos que revelan los datos actuales e históricos de las lluvias en Guayaquil.

No es claro si ahora llueve más que antes

1. El Inamhi dice haber hecho análisis históricos con los datos de hace más de 50 años hasta la fecha y concluye que no se aprecia una tendencia clara. “Hay una ligera tendencia a una disminución aparente, pero eso con los años lluviosos como que se compensa y no hay una clara tendencia para aseverar con rigurosidad científica de que están disminuyendo o de que están aumentando las lluvias en Guayaquil”, dice Raúl Mejía.

En el centro norte de la ciudad llueve más

2. Lo que sí se puede ver, aunque no es permanente, es una tendencia a que las lluvias sean más fuertes en el centro-norte. Y aunque también hay casos en que se registran hacia el sur, esto es menor. Por ejemplo, en este abril del 2017, en los días 8 y 19 hubo lluvias intensas que pasaron de los 100 litros por metro cuadrado, pero fueron más hacia la zona centro-norte. No obstante, también se dan casos inversos, como el día 25, cuando llovió más en el sur.

Inciden los cuerpos de agua y los cerros

3. El centro y el norte son también las zonas con temperaturas más altas, en promedio. El Inamhi lo asocia con el aporte del río y los esteros, que contribuyen a bajar las temperaturas en las zonas sur y suroeste. En el norte no hay esos cuerpos de agua. A ello se suma el tema orográfico, pues cerros como el Santa Ana, San Eduardo, El Paraíso, Colorado y la cordillera Chongón-Colonche, por la vegetación, generan más evaporación y hacen que las lluvias sean más intensas en sus alrededores.

Tendencia; cae más AGUA en menos tiempo

4. A través de los años se aprecia una tendencia al aumento de eventos extremos, de lluvias intensas y de corta duración, como algunas de abril de este año que pasaron de 100 litros por metro cuadrado. En los años 60 había 2 o 3 eventos en la estación lluviosa que pasaban de 100 litros. Claro que en los años de El Niño ocurren más de 10, hasta 15 o 20, como en el año 83 y el 98. “Pero sin tomar en cuenta estos años de El Niño, se ve que progresivamente hay un aumento de esos episodios de lluvias extremas”. Así lo corrobora esta temporada invernal.

Los veranillos se vuelven más largos

5. Otra tendencia detectada en el análisis a través de los años es el de los días sin lluvias en plena estación, o períodos llamados ‘veranillos’. Con un análisis a largo plazo, en 50 años, se aprecia que el número de días sin lluvias va aumentando. “Tampoco es un dato exacto, pero por ejemplo, en los años 50 o 60, los veranillos tenían una duración promedio de 5 a 7 días; y mientras van pasando los años, la tendencia es que vayan alargándose. Por ejemplo, en 2013 hubo un veranillo de casi tres semanas en pleno mes de marzo, el más lluvioso”.

Marzo del 98 y abril del 17, en los récords

6. El año con más precipitaciones registradas en Guayaquil es 1998, cuando hubo un El Niño de tipo extraordinario. Los meses de marzo y abril de ese año están entre los diez más lluviosos desde que se lleva el registro. Pero este abril de 2017 también entró al ‘top ten’ y se ubica como el más lluvioso desde 1998. Es decir, acabamos de vivir el abril con más precipitaciones de los últimos 19 años.

Una ciudad calurosa sin carreras sobre el clima

Guayaquil es una ciudad que históricamente ha sufrido por los efectos cíclicos de las lluvias o por alguna alteración del clima. Cuyos habitantes viven quejándose del excesivo calor o de las intensas precipitaciones que anegan las calles y barrios. Pero que no tiene carreras profesionales en universidades o institutos que formen meteorólogos ni climatólogos. Es decir, profesionales o especialistas en ello.

“Es altamente deficitaria la oferta de estos profesionales”, dice el coordinador regional del Inamhi, Raúl Mejía, entidad que, debido a esto, capacita a su personal en el exterior o con cursos especiales en el país.