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Cayo el “facho”
Ha caído el “facho” goebblesiano perseguidor del periodismo y pensamiento libre. Salió con la soberbia, prepotencia y ridícula banalidad que siempre mostró su perfil cultural. Debía ser a su manera: mostrar la psicología social, personalidad y modo de hablar de los sirvientes del correato. Era inimaginable una partida educada, amigable y de agradecimiento a la sociedad por haber tolerado tanto a un activo creyente de Joseph Goebbels.
En el colmo de vanidad y banalidad pide “razones jurídicas” para “comprender y explicarse” por qué los integrantes de el Cpccs transitorio resolvieron destituirlo. Quien leía con lupa de los obsesivos fascistas del periodo hitleriano ha sido incapaz de entender que el Cpccs solo debía atenerse al examen, evaluación y argumentación que sobre él hizo la Contraloría. Ahí están con pelos, señales y puntualizaciones claras, y cualquier bobalicón analfabeto entiende. Únicamente el soberbio de siempre seguía pidiendo más “argumentos y razones jurídicas” (¿?). No cabe duda que ha sido no solo daltónico sino casi ciego, y fanático de su accionar. Ni siquiera fue capaz de mirar y analizar sus huellas, pisada y todos los signos equívocos de sus yerros, los malos usos del poder y los falsos argumentos de sus actuaciones persecutorias y represivas.
La forma de irse del Torquemada del dominio goebblesiano que montó el correato también muestra, de cuerpo entero, el perfil del jefe de la mafia y de otros del grupo que decía: “la patria es de todos”. Pero lo que esa consigna expresaba era “la patria es de todos los pendejos, pero la plata es para nosotros, los de la RC”. Con la plata altiva y soberana, y libre de cualquier control, juicio político y penal.
Partió con la soberbia vanidosa que siempre exhibió. Se fue amenazando con juicios nacionales e internacionales, como lo hacía su jefe, el “capo di tutti” de los mafiosos: los robolucionarios de Odebrecht, la refinería y las ventas petroleras a los chinos, etc. El pueblo no se equivoca y dice: “genio y figura hasta la sepultura”. Los demócratas morlacos no lloran su salida, quieren servírselo con motepillo, cecina a la plancha y chicha. ¡Salve “diabólico Goebbels”, uno de tus fieles sirvientes ha caído!