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Los catolicos pueden ganar indulgencias en seis iglesias

No es necesario peregrinar a Roma, ni siquiera ir a las catedrales para ganar indulgencia plenaria en este Año de la Misericordia.
El papa Francisco convocó el año santo para que los católicos se conviertan, y sean más conscientes de su misión como testigos de la misericordia y el perdón de Dios, y durante este tiempo de gracia (del 8 de diciembre del 2015 hasta el 20 de noviembre del 2016) los fieles que atraviesan la puerta santa ganan una indulgencia plenaria, es decir limpian toda huella de pecado.
Precisamente, el Año Santo comenzó con la apertura de las cuatro basílicas romanas (solo se abren en los años jubilares) y los fieles que las atraviesen quedarán libres de todo pecado. Adicionalmente, el papa designó los lugares donde ganar indulgencias, como las puertas de las catedrales, santuarios e iglesias identificadas tradicionalmente como jubilares.
En Guayaquil, la puerta santa se abrió el pasado 13 de diciembre y ese mismo día el arzobispo de la ciudad, monseñor Luis Gerardo, designó las iglesias indulgenciadas.
Los fieles pueden peregrinar hacia la Catedral Metropolitana y a los santuarios Nuestra Señora de la Alborada, Madre Admirable de Schoenstatt, Señor de la Divina Misericordia, Cristo del Consuelo y Nuestra Señora de El Cisne (San Vicente de Paúl). Además de los de Daule, Nobol y Olón.
La principal es la Catedral, pero para comodidad de los fieles la Arquidiócesis designó otras ocho iglesias en la diócesis (Guayas y Santa Elena).
Pero para borrar las huellas del pecado de forma total no basta con cruzar la puerta santa. “Los fieles deben cumplir con varios requisitos”, indicó el padre César Piechestein, vocero de la Arquidiócesis de Guayaquil.
Esos requisitos son: arrepentirse de los pecados, hacer un examen de conciencia, tener propósito de cambio, confesarse y comulgar. Además rezar por las intenciones del papa (el diálogo entre las distintas religiones en enero) y acudir a un templo indulgenciado.
La confesión y la comunión se pueden realizar en la parroquia habitual de cada fiel, no necesariamente en el santuario hacia donde se peregrine; siempre y cuando se cumpla con los requisitos anotados.
Todos los católicos que estén actos para confesarse pueden participar de este beneficio de salvación, es decir los niños que han hecho la primera comunión y los adultos que no estén en situación de pecado.
Hay ciertas excepciones, como por ejemplo en el caso de los enfermos, ancianos y presos. En los dos primeros casos, como no pueden salir de casa y peregrinar a un santuario, ellos deberán “vivir con fe y gozosa esperanza este momento de prueba, recibiendo la comunión o participando en misa a través de los medios de comunicación”, señala la Bula Misericordiae Vultus de Francisco.
Mientras que los presos podrán ganar indulgencia en las capillas de las cárceles y cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración a Dios.
Las indulgencias no son transferibles, excepto con los difuntos; por ellos se puede ganar indulgencias para que sus pecados queden liberados.
Adicionalmente, se ganan indulgencias parciales cuando, por ejemplo, se reza el rosario en familia, se acude a misa entre semana, se da de comer al hambriento y otros.