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Bahia espera su segunda reconstruccion

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Roberto Santos, propietario de la Imprenta Amistad, que estaba ubicada en el centro de Bahía de Caráquez, no encuentra palabras para describir lo que siente mientras observa cómo varios obreros derrocan su inmueble.

Arrimado al tronco de un árbol, llorando, únicamente mueve negativamente la cabeza mientras las paredes del local donde por 43 años funcionó su negocio van cayendo una por una. “Aquí estaba mi vida”, es lo único que logró decir a EXPRESO.

Una semana después del terremoto de 7,8 grados que afectó a varias provincias, empieza la fase de reconstrucción. El primer paso es la limpieza de escombros y el derrocamiento de las estructuras que no brindan seguridad.

Ayer, el local de Santos, junto con otras tres casas, era derribado por dos retroexcavadoras. Están en la parte de la ciudad considerada patrimonial. Allí el 90 % de los inmuebles resultó afectado.

Madera, cemento y varillas eran cargados en volquetas. Solo entre las calles Ante, Montúfar, Malecón y Bolívar se derribaron cinco inmuebles. Uno de estos pertenecía a Lourdes Ordóñez, de 50 años. “Lo perdimos todo. Mis hermanos y yo teníamos locales aquí, vivíamos en la parte superior. Tenemos que buscar la forma de empezar de nuevo”, declaró a este medio.

Ellos lograron rescatar cosas de valor de los negocios. Reunieron además trozos de madera para hacer un cerramiento provisional hasta decidir qué harán.

Rafael Estrada, quien estudió en Cuba con una beca estatal, perderá su casa. Por eso, él buscaba al personal de la empresa eléctrica para que retiren el medidor y poder guardarlo. Quería agilitar todo para que el inmueble sea destruido “y se inicie la reconstrucción”, manifestó.

Reconoció que en sus 37 años, lo del sábado 16 de abril ha sido el momento más duro que ha tenido que pasar.

¿Cómo se ejecutará la demolición? Las autoridades locales han dispuesto que se trabaje en diferentes frentes con la maquinaria del Municipio de Sucre y de otros cantones que han colaborado. En Bahía de Caráquez hay trabajadores de los cabildos de Mejía, Bolívar, Loja, Santa Elena. Ellos están a cargo de derrocar las viviendas inestables. Se encuentran allá desde el martes.

Jorge Luis Calvachi está en la ciudad junto con cuatro trabajadores del Municipio de Mejía, en Pichincha. Laboran desde las 07:00 hasta las 19:00. “Es muy triste y doloroso ver a los niños o adultos mayores que han perdido todo su sacrificio”, dijo Fausto Peralta, oriundo de Machachi.

“Nos sentimos devastados. Nunca pensé pasar por esto, pero me siento bien dando una mano” acotó Luis Ponce, oriundo de Santa Elena.

Mientras la demolición avanzaba, los pobladores cargaban en camiones y camionetas las pertenencias que lograban rescatar. Ahora irán, dijeron, a los albergues o, si tienen suerte, a arrendar. “Mi hermana Vanesa está recogiendo las cosas. Va a ver si le arriendan unos cuartos más allá”, contó Juan Carlos Muñoz.

Su residencia y la de su hermana estaban en el malecón de Bahía. Ya no tienen paredes. Él se quedará en el albergue que hicieron frente a lo que era su casa. Por seguridad, enviará a su familia a Machala.

Roberto Santos, propietario de la Imprenta Amistad, que estaba ubicada en el centro de Bahía de Caráquez, no encuentra palabras para describir lo que siente mientras observa cómo varios obreros derrocan su inmueble.

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