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La atencion policial a las victimas priorizadas
En su mayoría, según las autoridades, son los familiares de las víctimas quienes denuncian los maltratos. Es alto el número de veces que la víctima vuelve con su agresor.

Las seis son jóvenes. Tienen entre 23 y 35 años, pero aparentan más edad. El maltrato por años les ha restado horas a su sueño y tranquilidad a sus vidas, que hoy intentan seguir alejadas de sus victimarios, pero en la mayoría de los casos aún no lo logran. El acoso sigue.
Silvia, Evelyn, Nathaly, Dalia, Rita y Patricia tienen algo más en común: tenían entre 15 y 20 años cuando se unieron a los hombres que juraron amarlas y que al poco tiempo se convirtieron en sus verdugos.
Las seis son hoy parte de ese gran grupo de mujeres en situación de riesgo de feminicidio en Babahoyo (hay 45 en Los Ríos) y en Milagro, que tienen un botón de pánico con el que llaman a la policía cuando sus agresores se les acercan.
Aunque los llamados no lleguen a través de esa vía, los policías asignados a esas zonas las visitan constantemente como una medida disuasiva que les permite algo de sosiego.
“Velados por su seguridad durante las 24 horas”, cuenta el coronel Juan Carlos Iza, comandante de la Policía en la provincia de Los Ríos, que es parte de la Zona 5, que también comprende Bolívar y 23 cantones de la provincia (excepto Guayaquil, Durán y Samborondón).
En Los Ríos, donde se registraron ocho casos de feminicidio en el 2017, la situación llevó a la policía a aplicar un plan para cuidar a las mujeres que están en alto riesgo. El trabajo diario para protegerlas, cuenta el coronel Iza, ha dado frutos y en las estadísticas no ha habido ningún caso de muerte en los primeros dos meses de este año.
En la zona sur de Los Ríos hay 600 víctimas de violencia intrafamiliar identificadas por el Departamento de Violencia Intrafamiliar (Devif). Hay otras 1.200 en la zona norte; 35 de ellas que viven en los cantones Vinces, Puebloviejo y Babahoyo tienen atención priorizada.
No quieren lamentar más muertes por ello, añade Iza. El trabajo está enfocado a la prevención en una labor coordinada con la parte judicial.
Vanessa Calle Quezada, jueza de Violencia, precisa que su unidad registra un promedio mensual de entre 40 y 50 denuncias, sin contar las que se presentan en la Fiscalía y otras dependencias de justicia.
A cada una de las víctimas, explica, se le dispone inmediatamente la aplicación de medidas de seguridad, entre ellas la emisión de una boleta de auxilio y la activación de un botón de pánico que, cada vez que se enciende, pone a correr a los policías de la zona, sean o no del Devif.
En los mapas de georreferenciación del delito, tanto de Los Ríos como de los 22 cantones del Guayas que pertenecen a la Zona 5, están ubicados los puntos donde viven las mujeres priorizadas, pero también sus agresores y los intentos de ataque que ejecuta.
Silvia (35 años), madre de dos menores de 11 y 16 años, ya perdió la cuenta de las veces que ha activado el botón de pánico para alejar al hombre con el que vivió desde los 15 años y que casi la mata a golpes. Él diariamente la ronda, ya sea durante el día en el mercado donde compra la mercadería para su negocio, o en las noches en la casa. Aunque ocho veces ha estado preso no deja de acosarla y ella anda con los nervios a flor de piel.
Su miedo tal vez es menor al que siente Evelyn (23 años), que sufrió cuatro años de maltratos de un marino en servicio activo, del que se alejó después de que casi la ahorca. Hace dos semanas, la advertencia de muerte le llegó a través de un ramo de flores, acompañado de un casquillo y una hoja de papel con huellas de sangre.
Evelyn, quien habita en Babahoyo, dejó de salir desde entonces. Y si lo hace, siempre va acompañada.
Lo mismo intenta Dalia (33 años), quien vive en Milagro y aún no sabe cómo resistió 19 años de agresiones del padre de sus seis hijos. A punta de pistolas y de amenazas de no darle dinero para la comida de sus hijos, la obligó a retornar con él cada vez que intentó dejarlo.
Aunque él ahora está detenido esperando la audiencia de los dos procesos abiertos, uno por agresiones físicas y otro por maltratos psicológicos, Dalia no puede dormir tranquila por las amenazas de muerte que él le hace llegar desde la cárcel. “‘Si no eres mía no serás de nadie’, me ha dicho”.
En Milagro, son 1.279 los casos de violencia intrafamiliar denunciados en el 2017. En este año, ya van 143 en enero y 106 en febrero, cuenta el comandante de Policía de la subzona Guayas, Javier Galarza.
De este total, ocho son víctimas priorizadas y dos de ellas son Rita y Patricia, ambas de 34 años. La primera tiene dos hijos de 9 y 16 años, y la segunda cinco, de entre 7 y 17 años.
Rita, una profesora con nombramiento, está luchando por recuperar a sus hijos, a los que él se llevó a la casa de su hermana. Con ello intenta obligarla a que vuelva con él.
Patricia, que tiene tres años separada, es la única de las seis mujeres que hoy cree que su expareja ha cambiado, pues incluso ya no tiene que rogarle para que dé dinero para la comida de los niños.
Al cabo de tres años ya no le pide que regrese con él y tampoco bebe licor como antes. Ella solo espera que su cambio sea real. El temor de que todo ocurra de nuevo se mantiene. Muchas han regresado con su pareja pensando en el cambio y se ha repetido el círculo vicioso del maltrato, del que directamente son víctimas también los infantes.
Afortunadamente, Nathaly (26 años), quien vive en Babahoyo, al cabo de dos años de separación ya no siente ni el acoso ni el maltrato del padre de sus tres hijos, de entre 4 y 8 años, al que no ve hace tiempo.
A pesar de ello, la policía no deja de cuidarla. Según el coronel Jorge Cevallos, comandante del distrito Babahoyo, la lista de víctimas priorizadas se actualiza constantemente.
Así como hay mujeres que salen de ella, también hay otras que ingresan, cuando así lo establecen los analistas, indica el coronel Iza. Y el trabajo, añade, no solo involucra en Babahoyo a los policías del Departamento de Violencia Intrafamiliar, sino a la Prefectura de Los Ríos y al Municipio local, que han iniciado campañas para erradicar la violencia contra la mujer.
Las muertes no son predecibles, pero sí son prevenibles. Ese es el lema que se aplica para luchar contra el feminicidio.