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Arma femenina La defensa personal

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En una esquina, en un semáforo, en la calle, el hogar, el trabajo, estamos expuestos a ataques que pueden afectar nuestra vida. Los más comunes son robos y violaciones. La desventaja física de la mujer la vuelve más vulnerable.

En momentos así, el pánico se apodera de la persona y no sabe qué hacer. La terapeuta familiar Karina González de Cucalón indica que en la sociedad aún se piensa que la mujer incita al ataque o agresión, cuando es el hombre quien no puede controlar sus instintos y agrede a la mujer.

En medio de la impotencia, muchas mujeres y madres de familia se están volcando a la práctica de las artes marciales para defenderse y acuden a las diversas academias que hay en Guayaquil y que ofrecen disciplinas como karate do, judo, jiu-jitsu (japonés y brasileño), taekwondo y otras.

“Defenderse no es sinónimo de violencia. Lo que se enseña es a resguardar la integridad de la persona. Más si se trata de una mujer”, indica el experto en defensa personal Millis Prens.

“Se enseña a usar el sentido común, a prevenir y de último a usar la parte física (enfrentamiento) si fuera el caso. Pero la base es la prevención y cómo aplicar ciertas técnicas para salir de un problema”, sostiene Prens.

El experto recomienda a las mujeres realizar actividad física, especialmente aeróbicos, para que su cuerpo adquiera más agilidad, que le permitirá mayor habilidad en la defensa.

“La base es mantener la calma. Así podrá pensar mejor qué acción tomar”, acota. Joffre Fuentes, tercer dan en jiu-jitsu japonés (Danzan Ryu) e instructor de defensa táctica del Grupo de Operaciones Especiales (GOE), coincide en aquello, para que así el agresor caiga en el juego psicológico y poder atacarlo para huir.

Los expertos advierten jamás llegar a confrontar, pues desconocemos a qué tipo de amenaza nos enfrentamos. “Si hay arma, no haga nada si no domina bien la técnica”, puntualizan.

1. Defensa contra ataque hacia la pared. Mientras que el atacante agarra su cuello, la víctima esquiva su mano con un movimiento de cuerpo completo hacia el lado del brazo que le está atacando para desviarlo completamente. A lo que regresa debe hacerlo con la fuerza del cuerpo y codo para golpear en el rostro.

2. Amenaza con cuchillo. En el momento en que el oponente muestra el arma, debe bloquear de inmediato el brazo del agresor e ingresar su brazo para generar una palanca (pues el codo del oponente está en el pecho) y bajar para ejercerla provocando así una luxación en el hombro y brazo que ayude a desarmarlo.

3. Chino al cuello. Si le atacan por la espalda y desde el cuello buscando estrangularla e inmovilizarla, se debe reaccionar de inmediato y coger su brazo, pegarlo hacia usted de manera que libera la estrangulación, hace una base fuerte, levanta a su agresor y lo proyecta hacia adelante. Esto provoca una fractura posterior en el sujeto y le da la oportunidad de correr.

4. Ataque en el piso (usado en violación). Mientras el agresor la somete y busca golpearla, de inmediato sujete con sus dos manos el brazo con el que la ahorca para detenerlo y así golpear con el talón el mentón o las partes blandas de la cara. Luego, pase su otra pierna por encima de él girando todo su cuerpo hacia el brazo del atacante; causará fractura del codo y podrá patear y salir.

5. Abrazo sorpresivo. Cuando esté en la calle y alguien le ataque como si le abrazara, genere una base fuerte con sus piernas que evite al atacante avanzar. Luego, golpee con el lado externo del puño y muñeca hacia la parte baja (testículos) y ese mismo brazo regréselo con fuerza para ejecutar un golpe traumático con el codo a la cara del agresor.

Más segura y no me expongo

Una mala experiencia motivó a Priscilla Torres a iniciarse en el Gracie Jiu-Jitsu, hace seis años. Dos hombres la agredieron al salir de su trabajo, en Urdesa. El incidente dejó huellas psicológicas y el miedo se apoderó de ella.

No le gusta hablar del tema, pero respira profundo. Sus ojos adquieren el brillo de las lágrimas y cuenta que ese día solo sintió que la empujaron y los golpes. Recuerda que se pegó a la pared y se rodó hasta el piso para evitar los golpes. Su rostro llevó la peor parte: hematomas y derrame interno en un ojo. Fue difícil de superar, pero lo logró motivada por el segundo de sus tres hijos, que tenía 11 años. “Dijo que debía aprender a defenderme para que eso nunca volviera a pasarme”.

Se inscribió en la academia de su hijo, pero nunca pensó que sería complicado. “Me costó, no por la técnica o los ejercicios sino por tener que volver a enfrentarme a una persona”, acota. “Ese día me fue difícil completar la clase de una hora”, dice esta cinturón morado.

“Un amigo lanzó un golpe con guantes, me fui al piso y empecé a taparme, estaba en shock. Él me dijo: ‘Supéralo’”, recuerda. Le costó volver a sentirse cómoda, pero nunca dejó de practicar.

Le entusiasma esta disciplina que consta de cinco componentes: defensa de pie, golpes traumáticos, derribos, técnicas de piso y filosofía de seguridad y tranquilidad.

En este ‘arte suave’, como se traduce la palabra jiu-jitsu, se necesita mucho dominio mental, aparte de movimientos coordinados para vencer a personas con mayor musculatura. “En nuestro caso usamos técnicas para salir de problemas y evitar peleas”, sostiene. Torres no solo se siente más segura y libre, sino que está siempre a la expectativa y no se expone a situaciones riesgosas.

Le encantan los derribos porque son movimientos que se le dan fácilmente y también ama dar clases los martes y jueves en la Academia de Christian Cevallos, su novio.

Defensa a nivel mental y físico

Hace cinco años, Karina González de Cucalón decidió ofrecer gratuitamente, con la asesoría de expertos en el tema, cursos de defensa personal para mujeres, para que ellas sepan actuar ante situaciones de peligro y abuso.

Aunque los especialistas ayudan enfocándose en ejercicios rápidos, fáciles y básicos que las mujeres pueden practicar, ella trabaja coordinando la parte física, mental y psicológica para que aprendan cómo pedir auxilio y cómo huir. “La mujer está expuesta a que toquen su cuerpo en la calle, al tomar el bus o un taxi... Lo viví en la universidad, por eso doy este servicio”, agrega.

Por haberse especializado en Houston (Estados Unidos) pudo aprender karate do, técnica de autodefensa en la que con posiciones de equilibrio se enfocan puñetazos o patadas acompañadas de respiración y gritos especiales. Este abarca la autodisciplina y actitud positiva. “Aprendí diversas katas que te sirven a la hora de defenderte, pero sobre todo me enseñaron cómo reaccionar acertadamente ante un ataque sin usar la violencia”, comenta.

Dice que durante sus terapias escucha que a muchas mujeres las paraliza el miedo y que cuando quieren gritar o correr su mente se lo ordena, sin embargo su cuerpo no responde. “Esta situación la manejo con ellas y les digo que existen ejercicios psicológicos dentro de las artes marciales que si se practican a diario pueden ayudarlas a reaccionar rápido”.

González expresa que al tener el conocimiento nadie podrá abusar. “No importa si eres delgada, pequeña... No, cuidadito con pensar eso... Lo importante es saber actuar para pedir ayuda”, agrega.

Puntos claves para defenderse

- Visión. Golpear en los ojos con la palma de la mano o hincar con los dedos le dará unos minutos de ventaja para correr, ya que el agresor no podrá ver.

- Respiración. Puede golpear el cuello con la mano de manera lateral para que el atacante se quede sin respirar por unos segundos.

- Movilidad. Patear en las piernas es buena opción. Puede hacerlo en las rodillas, empeine, tobillos.

“Esto no es violencia”

Isabel Montúfar, al buscar una academia de artes marciales para su hijo Nicolás Náder, de siete años, se quedó enganchada con el jiu-jitsu tradicional japonés. Desde pequeña le gustaban, pero no pudo practicarlas hasta los 27 años. Dos años después de hacerlo, siente que le ha sido útil para desarrollar la intuición y siempre estar alerta. Aunque no ha enfrentado riesgos, sabe que si ocurre sabrá defenderse.

“Al principio solo quería realizar una actividad, pero después me gustó la parte de defensa personal y ahora la hago tres veces por semana”, dice la joven madre, quien además en casa la practica con su hijo. Le enseña derribos (llevar al oponente al piso), inculcándole que este arte no es violencia sino defensa.

En el dojo (lugar de entrenamiento) se siente cómoda porque la clase es interactiva y hace calentamiento, sentadillas y flexiones 20 minutos, algo que le gusta porque antes iba al gimnasio.

Toma esta disciplina como complemento, pues practica crossfit, rutina que le ayuda a mantenerse ágil, en forma y con gran fuerza.

Le gusta el jiu-jitsu porque tiene lucha de piso, agarres, derribos, golpes. Estos últimos con el fin de facilitar llaves y luxaciones.

“Es completo porque incluye karate y judo y entras en algunas disciplinas. Siento que puedo practicar muchas cosas”, opina.

Ella es cinta verde (primera del nivel intermedio) y su hijo, cinta blanca (nivel inicial). Espera llegar a otros colores, ya que estos representan mayor conocimiento y técnicas aprendidas. Le gustan las katas, que son movimientos físicos que ayudan a la defensa personal y a tener mayor agilidad y concentración.

“En realidad busqué la academia para mejorar el comportamiento de Nicolás, porque es muy hiperactivo, pero me gustó y ahora los dos lo practicamos”, acota

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