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El apoyo sera hasta el ultimo aliento

E s una ley universal. “Se puede cambiar hasta de mujer, pero jamás de equipo.

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E s una ley universal. “Se puede cambiar hasta de mujer, pero jamás de equipo. Soy hincha del Deportivo Quito desde que era Argentina y lo seré hasta el día que me vaya”, lo dijo con orgullo José Ramírez, un jubilado de 74 años que llegó para mirar al club de sus amores, ayer en el Olímpico Atahualpa.

Era el inicio de la aventura chulla en la segunda categoría. A los seis meses, el ‘Equipo de la Ciudad’ volvía a las canchas tras descender por deudas en septiembre del año anterior.

Y Ramírez llegó, como lo ha hecho por más de treinta años, a la zona de la ‘Culta Barra’, la más antigua del azulgrana. No tiene banderas ni bombos. Más bien, es de la época romántica del fútbol capitalino, la de los tripletes en el estadio ‘El Arbolito’ y de las reuniones familiares en las gradas.

Ramírez fue a la parte baja de la tribuna, donde siempre se juntaba con otros hinchas de su edad. Aunque esta vez no encontró a ninguno. “Algunos estaban enfermos, otros a lo mejor ya nos dejaron”, dijo con algo de tristeza.

Era algo de esperarse, confiesa. A pesar de que la barra nunca tuvo una cifra exacta de integrantes, se ha reducido considerablemente. Sus miembros son de la tercera edad.

A unos pocos asientos se podía observar gritando a los hermanos Mario y Marcelo Medina. El primero fue jugador del equipo en 1969. Vive en Estados Unidos y aprovechó sus vacaciones en la capital para ir al estadio con el segundo. Nostálgicos, recuerdan que la ‘Culta Barra’ dejó de reunirse hace ocho años. Unos pocos, dicen, se juntan para conversar un par de horas, pero nada más.

Los tres coinciden en que el nombre es sarcasmo puro. “Siempre hemos usado malas palabras para reclamar las injusticias de los árbitros y por eso nos pusimos la Culta Barra”, dice sonriendo Ramírez.

Entre ellos, en esa misma zona del estadio, se mezcla la historia del club con su futuro. En la misma fila están Mario ‘el Chivo’ Galárraga, figura del título de 1968, y María Paz Zárate, una niña de tres años que por primera vez ingresó al estadio para mirar al equipo. La llevó su padre Sebastián, que sin ser de la barra, prefiere estar allí por tranquilidad.

Durante los noventa minutos del partido todos miraron con atención las acciones. Haciendo honor al nombre de su agrupación los griteríos eran fuertes y las ‘palabrotas’ a cada instante, siempre acompañadas por carcajadas.

Sufriendo al principio, pero festejando al final por la victoria, los hinchas volvieron a vivir una fiesta que se truncó por falta de dinero el año anterior. Y lo hicieron a su manera, lejos de la bulla de la preferencia, donde más de siete mil personas gritaron, pero, eso sí, apoyando con el mismo corazón.

Triunfo por la mínima

A seis minutos del final Deportivo Quito anotó el único gol del partido para imponerse a Espoli. Fue gracias a Juan Orobio, quien aprovechó una confusión en el área. Durante el primer tiempo el equipo chulla tuvo muchos problemas para ganar el balón y fue dominado. Mejoró en la complementaria y encontró el gol. Espoli jugó mejor.

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