Las imperceptibles aceras de Quito, un riesgo latente
El alto de las veredas no llega ni a dos centímetros. Algunas incumplen la norma por repavimentación y otras por descuido de los dueños de los predios

Riesgo. En las avenidas 6 de Diciembre y Río Coca es peligroso transitar por la ‘acera’, más que nada para los adultos mayores
Algunas veredas del sur, centro y norte de Quito quedaron reducidas a ilusiones ópticas. Diferenciar dónde se ubica su borde y dónde empieza la vía es todo un reto y peligro para los transeúntes.
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Existen esquinas donde las aceras no cuentan con el ancho establecido en la normativa municipal y mucho menos tienen el alto mínimo de 20 centímetros para garantizar la seguridad al peatón. Hay edificaciones que están a la misma altura de la calzada y en otros casos, no miden más de dos centímetros de alto.
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María Fernanda Contreras trabaja desde hace seis años en la intersección de las avenidas 6 de Diciembre y El Inca, en el norte. Desde aquí ha sido testigo de accidentes de tránsito, atropellos e incluso milagros de vida.

Repavimentación. En El Inca la calle ya alcanzó al borde de la vereda.
“Hace tres meses, un auto se subió al lado de la vereda para rebasar a un bus y casi aplasta a una señora que vendía chochos. La pobre salió corriendo y se salvó de morir. Así como él hay muchos otros que aprovechando que no hay altura en la acera se trepan y los peatones son los que debemos esquivarles. Sería bueno que las autoridades se hagan cargo de esto y también den prioridad a los más vulnerables”, acotó la mujer.
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Esta realidad se repite en la esquina de la avenida 6 de Diciembre y Pablo del Solar. Aquí, el alto del espacio destinado para el peatón ni siquiera alcanza los dos centímetros de alto y es de fácil acceso para todo tipo de vehículos motorizados.
María Carmen Quijada tiene un puesto de arepas unos metros más adelante. Ella asegura que en diciembre del año pasado una mujer murió arrollada en ese sitio. Un bus la alcanzó mientras intentaba cruzar la vía.

Miedo. Una comerciante narra que hace unos meses una mujer casi muere arrollada.
“Esos son los peores. Se suben a la vereda, para rebasar a otros. O si no los autos se trepan para estacionarse e impiden el paso de la gente que por aquí camina. No hay quién controle ni ponga orden en la ciudad. En otros puntos, en cambio, hay veredas altas pero son un riesgo cruzar porque están hecho pedazos, destruidas totalmente o con adoquines salidos. Mucha gente ya se ha caído y se ha lastimado”, relató Quijada.
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Según Diego Ordóñez, arquitecto y urbanista, este problema que se evidencia en la capital es provocado por el desconocimiento que tiene la gente sobre su obligación de hacerse cargo del frente de su casa, es decir, de mantener en buen estado las aceras y veredas; y por otro está la incapacidad municipal para fiscalizar y controlar que los frentistas hagan cumplir la norma sobre estos espacios.
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“La norma técnica dice que en promedio su ancho debe ser de 1.20, de acuerdo al ancho de la vía. Las aceras son el último eslabón, cuando debería ser el primero y más importante. Definitivamente lo que hay en la ciudad son veredas inaccesibles para la movilidad de todos. Sin inviables y se suma a la topografía”, acotó el experto.
La falta de mantenimiento que se da en los espacios públicos es otro punto negativo. Al respecto, Ordóñez recomienda estandarizar la construcción de las veredas, empleando un mismo material, diseño y respetando la altura y ancho que establece la norma municipal.