Casa Victoria: historia de transformación en San Roque que impacta a miles de niños del Centro
Casa Victoria en el Centro Histórico de Quito pasó de ruina a proyecto social que ha transformado la vida de miles de niños

Erika Guaña, coordinadora de Casa Victoria, acompaña a niños en actividades de lectura en la biblioteca de San Roque, Quito.
En el corazón del Centro Histórico de Quito, una antigua casona patrimonial de más de 120 años ha dejado de ser un espacio en ruinas para convertirse en un refugio educativo y social.
Entre el ruido del mercado de San Roque y el movimiento comercial de las calles Imbabura y Loja, Casa Victoria emerge como un entorno donde la infancia encuentra seguridad, aprendizaje y nuevas oportunidades.
Las puertas de madera se abren y el entorno cambia de inmediato: el bullicio de la ciudad desaparece y es reemplazado por voces infantiles, música, lectura y actividades formativas. Aunque está a pocos metros de uno de los sectores más complejos de Quito, el interior de la Fundación Casa Victoria funciona como un espacio completamente distinto, enfocado en la educación y el desarrollo integral de niños y adolescentes.
De ruina a proyecto social en el Centro Histórico de Quito
A inicios de los años 2000, la vivienda estaba en condiciones críticas. Había sido dividida para albergar a cerca de 20 familias, unas 60 personas en total. Fue entonces cuando Alicia Durán Ballén y su esposo, Dan Gheorguita, junto a un grupo de amigos, decidieron adquirir la propiedad y restaurarla.
Casa Victoria demuestra que el amor y la educación pueden transformar comunidades desde la niñez con esperanza
Tras cinco años de trabajos de recuperación, en 2006 la casona abrió sus puertas como la Fundación Casa Victoria, un proyecto social en San Roque orientado a la niñez y juventud en situación de vulnerabilidad.
Desde entonces, la iniciativa ha impactado a más de 3.000 niños, ha servido alrededor de 30.000 comidas y ha recibido cerca de 4.000 voluntarios nacionales e internacionales, consolidándose como uno de los proyectos comunitarios más activos del Centro Histórico de Quito.

Fundación Casa Victoria en San Roque, Quito, brinda educación, música y acompañamiento a niños del sector.
Educación, arte y acompañamiento para niños de San Roque
Dentro de la casona, cada espacio tiene un propósito. En una sala funciona una biblioteca donde los niños desarrollan el hábito de la lectura. En otros ambientes se imparten clases de música, karate y apoyo escolar con acompañamiento de voluntarios.
El programa “Sembrando Esperanza” es el eje central de la fundación. Atiende a 60 niños de entre seis y doce años, en su mayoría hijos de comerciantes del mercado de San Roque y vendedores ambulantes del Centro Histórico de Quito.
Además del refuerzo académico, reciben formación en valores, talleres emocionales, actividades recreativas, clases de música, defensa personal y acompañamiento permanente durante el año escolar.
“Queremos que los niños encuentren aquí un lugar seguro, donde se sientan queridos y puedan construir un futuro diferente”, explica Erika Guaña, coordinadora del proyecto.
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Un espacio que también forma a jóvenes voluntarios
Casa Victoria también impulsa procesos de formación para adolescentes a través de una pizzería y espacio de brunch ubicado en el primer piso. Este lugar no solo financia la fundación, sino que funciona como escuela práctica donde los jóvenes aprenden cocina, atención al cliente, trabajo en equipo y servicio comunitario.
Este lugar me enseñó que el servicio también construye oportunidades para quienes más lo necesitan
Jair León, quien llegó a la fundación a los ocho años, hoy con 14 años colabora en la cocina y en actividades con los niños más pequeños. Su meta es estudiar gastronomía y convertirse en chef.
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“Este lugar es como mi otra casa”, afirma.
Historias similares se repiten en la fundación. Maite Agualsaca ingresó a los seis años y actualmente es voluntaria. Cada tarde regresa para apoyar en tareas escolares y acompañar actividades.
“Aprendí a servir y descubrí lo que quiero para mi futuro: ser pediatra”, cuenta.

Maite Agualsaca regresó a Casa Victoria como voluntaria para acompañar a niños del programa Sembrando Esperanza.
Un círculo de aprendizaje que se transforma en comunidad
En Casa Victoria, los niños crecen, los voluntarios regresan y las historias se transforman en continuidad. El aprendizaje no termina en la infancia, sino que se convierte en un ciclo donde quienes fueron beneficiarios ahora guían a nuevas generaciones.
En medio de uno de los sectores más complejos de Quito, la Fundación Casa Victoria se mantiene como un ejemplo de transformación social, educación comunitaria y recuperación del patrimonio con impacto humano real.