SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Los viajes del presidente Daniel Noboa: falta transparencia para no mezclar lo público y privado

La preocupación es justa: un viaje al extranjero le cuesta dinero al erario público y distrae la atención de los funcionarios, a veces en momentos críticos

El presidente Daniel Noboa cumple con una gira en Asia que lo llevó a varios países, entre ellos China.

El presidente Daniel Noboa cumple con una gira en Asia que lo llevó a varios países, entre ellos China.CHATGPT

César Febres-Cordero Loyola

Creado:

Actualizado:

Lo que debes saber 

  • En más de dos años y medio de mandato, Daniel Noboa acumula una treintena de viajes oficiales y personales al exterior.
  • Las críticas no deberían convertirse en un rechazo generalizado a las actividades internacionales del Gobierno. Ecuador necesita mantener relaciones con socios estratégicos como Estados Unidos y China.
  • La exigencia central es conocer con precisión los gastos, participantes y actividades de cada viaje para evitar que intereses privados interfieran con lo público.

En más de dos años y medio de mandato, el presidente Daniel Noboa acumula una treintena de viajes, tanto oficiales como personales, al exterior, en los que ha pasado más de 160 días acumulados fuera del país. Algunos han causado considerable controversia, por la tenue distinción entre sus visitas de Estado y sus actividades privadas. 

Te invitamos a leer: Daniel Noboa y su gira por China, Vietnam y Singapur: Ecuador vuelve a mirar al mundo

Un ejemplo reciente se dio en junio, cuando el presidente fue captado de forma espontánea por las cámaras en el partido entre Ecuador y Costa de Marfil durante el reciente Mundial de la FIFA, en medio de lo que se suponía era un viaje oficial centrado en el fortalecimiento de la cooperación con los Estados Unidos.

La falta de transparencia por parte del Gobierno, con agendas bastante escuetas o publicadas a última hora y comitivas de viaje que no son conocidas en detalle, hace difícil el trabajo del brazo de comunicación del equipo presidencial y acrecienta la desconfianza del público sobre la naturaleza de los traslados del presidente Noboa. 

Estas críticas, por supuesto, no son nuevas. Sus antecesores fueron blanco de ataques parecidos: a Correa se le endilgaba el ir a buscar premios y condecoraciones en el extranjero y a Lasso se le increpaba por la misma falta de detalles que a Noboa a la hora de explicar los motivos detrás de sus salidas del país.

La preocupación de los críticos es justa: un viaje al extranjero le cuesta dinero al erario público y distrae la atención de los funcionarios del Gobierno, a veces en momentos críticos para el país. Noboa fue duramente reprochado por no suspender un viaje a los Estados Unidos en septiembre de 2024, mientras los apagones regresaban al país.

Sin embargo, cualquier crítica que se haga debe cuidar el no generar un rechazo de tajo contra las actividades que un gobierno como el nuestro necesita realizar en el extranjero a través de sus funcionarios de más alto nivel. Nuestra relación con socios estratégicos en lo comercial y en seguridad, como lo son los Estados Unidos y China, es de esencial importancia, y debe reconocerse que los tres últimos gobiernos lo han entendido de esa manera. 

Presidentes que, a veces demagógicamente, han criticado la compra de aviones presidenciales (Noboa prometió su venta, pero dio marcha atrás) o el manejo de la deuda con China no han permitido que ese discurso se convierta en un giro hacia adentro o en un rompimiento de relaciones con China.

Esta relación con China incluso ha sobrevivido a las vicisitudes de los últimos años en los que Trump ha intentado alejar a los países de la región del gigante asiático, lo cual nos ha ganado sendas felicitaciones de la diplomacia china, sin valernos reprimenda alguna de los norteamericanos.

No deja de ser sumamente importante el exigir al Gobierno actual y a sus sucesores que transparenten sus actividades. No tanto sus logros, porque estos pueden tomar años, pasar por varias rondas de negocios y sobrellevar altos y bajos como los que han enfrentado nuestros camaroneros (solo se han levantado 8 de 14 restricciones recientemente impuestas por China), pero definitivamente sí hay que conocer los gastos y la participación de cada funcionario e invitado en detalle. No vaya a ser que lo privado invada lo público en su detrimento.

También es importante que las actividades presidenciales dejen de ser espectacularizadas. Fue bochornoso el intento de hacer ver la presencia del presidente Noboa en los funerales papales de Francisco, sentado en un orden alfabético en francés según el protocolo, como un logro. Lo mismo con las fotos de Noboa en su visita a Mar-a-Lago y al Capitolio, cuando hasta Petro se ha entrevistado con Trump y todavía él no.

Te invitamos a leer: La Ruta Ártica emerge como alternativa y redefine el mapa del comercio marítimo

¿Qué nos queda, entonces? Ahora que el presidente Noboa regresa de una gira acortada por la tragedia, no hace falta entregarnos a la histeria y a la denuncia de todo viaje o al rechazo de toda actividad realizada en este último. Aquí lo esperan con ánimos caldeados los políticos que ya están en plena precampaña y también los que se quedan afuera, encima con la sospecha de que eso les ocurre gracias a la presión del oficialismo.

La prensa y la ciudadanía deben poner la lupa y exigir una mejor gestión, sin dejar de reconocer lo positivo. Y el Gobierno, por el bien de todos, debe aprender a escuchar.

tracking